La obesidad consiste en una acumulación excesiva de grasa en el
organismo, incrementándose el riesgo de padecer algunas enfermedades y el
riesgo de muerte. Esta grasa se puede acumular preferentemente en el abdomen,
como ocurre en el varón (obesidad con forma de manzana), o en las caderas y
nalgas (obesidad en forma de pera).
España
Ocupa el segundo puesto (tras Malta) entre los países de la CE
con mayor índice de obesidad infantil. El porcentaje de obesidad entre adultos
supera el 14,5%.
El mejor método para saber si un persona es obesa y la gravedad
de la obesidad es calcular el índice de masa corporal (IMC) que relaciona el
peso con la altura de cada sujeto según la fórmula: Peso (en
Kilogramos)/Altura² (en metros). Se considera que un sujeto tiene un peso
normal cuando el IMC está entre 18,5 y 25. Si está entre 25 y 30 se considera
que la persona tiene sobrepeso y si es mayor de 30 se considera obeso. Un IMC
mayor de 40 indica obesidad grave, en cuyo caso el paciente debe recibir
tratamiento médico, ya que el riego de padecer
diabetes mellitus, enfermedades del corazón y
piedras en la vesícula biliar aumenta
desproporcionadamente.
¿Cuál es la frecuencia de obesidad?
La obesidad es algo más frecuente en varones que en mujeres. La
frecuencia de la obesidad está aumentando en la mayoría de los países
desarrollados y en vías de desarrollo.
Más de 1000 millones de personas tienen sobrepeso en todo el
mundoy al menos 300 millones entre ellas, obesidad.
En España el problema está cobrando tintes alarmantes, y en este
momento (2010), el índice de obesidad entre adultos es del 14,5% y entre niños
de edades entre 3 y 12 años, del 22%. Unas cifras alarmantes cuando se piensa
en las enfermedades asociadas a la obesidad: las cardiovasculares, la
hipertensión, la diabetes y algunos cánceres.
Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad podría
considerarse como la epidemia del siglo XXI.
¿Qué enfermedades se producen o agravan por la obesidad?
La obesidad es una causa de rechazo social y puede originar
problemas psicológicos como pérdida de autoestima y sentimiento de
inferioridad, en ocasiones motivados por la discriminación real que padecen las
personas obesas.
Además el propio sobrepeso origina problemas físicos como
pérdida de agilidad, facilidad para la
fatiga, dificultades en la higiene personal con
infecciones en la piel, dolores en las rodillas, tobillos y espalda. Sin
embargo, los efectos más peligrosos de la obesidad se deben a la facilidad con
que los pacientes obesos desarrollan
diabetes no insulino dependiente,
hipertensión arterial,
trombosis coronaria e infarto de miocardio y
trombosis cerebral. Otros problemas también
relacionados con la obesidad son piedras en la vesícula biliar y algunos tipos
de cáncer.
¿Cuál es la causa de la obesidad?
La herencia y la genética influyen en el desarrollo de la
obesidad, pero para que ésta se desarrolle necesariamente se han de ingerir mas
calorías con los alimentos que las que se consumen con la actividad diaria y el
ejercicio. Por lo tanto hay otros dos componentes: comer demasiado y hacer poco
ejercicio.
Muchas personas sobrevaloran la importancia de la constitución
genética, y es un hecho repetidamente comprobado que los obesos suelen
infraestimar lo que comen. Es una realidad que en los países en vías de
desarrollo, donde realizan mucha actividad física y una alimentación más sana y
menos abundante, la obesidad no es un problema frecuente. La constitución
genética de los habitantes de Europa no ha cambiado desde la segunda guerra
mundial, pero si ha aumentado la frecuencia de obesidad de forma paralela a los
cambios en el estilo de vida y mayor disponibilidad de alimentos.
Realizar una actividad física de forma regular también ayuda a
mantener un peso adecuado al aumentar las calorías que se queman con el
ejercicio. No se puede descartar que otros factores, todavía no identificados,
también tengan influencia en la ganancia de peso.
¿Cuándo es peligrosa la obesidad?
Un IMC mayor de 25 conlleva un riesgo más alto de padecer las
enfermedades antes señaladas y especialmente si su IMC es mayor de 30, es
importante que pierda peso. Cuando la grasa se acumula en el abdomen,
aumentando el diámetro de la cintura, el riesgo es más elevado que cuando la
grasa se acumula en las nalgas y extremidades. Cuando el diámetro de la cintura
supera los 94 cm. en un hombre o los 80 cm. en una mujer no deben aumentar más
su peso, ya que cuando estas medidas alcanzan los 102 cm. en hombres o 88 cm.
en mujeres aumenta el riego de todas las enfermedades asociadas con la
obesidad.
¿Cuál es el tratamiento de la obesidad?
Para muchas personas obesas es muy difícil alcanzar el peso
correspondiente para tener un IMC de 25, sin embargo una pérdida de 5 ó 10
kilogramos implica ya un efecto saludable para el corazón. La pérdida de peso
reducirá la tensión arterial, el colesterol o las necesidades de
insulina y medicación en diabéticos y disminuirán los
riesgos asociados a la obesidad.
La ayuda del médico y el seguimiento de una dieta de 1.500-2.000
Kcal. al día conseguirán una pérdida de peso en la mayoría de los pacientes.
También puede ser eficaz evitar los alimentos con mucha grasa. Después de la
pérdida de peso es imprescindible continuar con una dieta de mantenimiento con
poca grasa toda la vida para evitar recuperar el peso perdido. Es también muy
importante aumentar la actividad física con un régimen regular de ejercicio
físico.
Los pacientes que no consiguen una pérdida de peso satisfactoria
con la dieta pueden seguir tratamiento médico o quirúrgico.
¿Cuándo es necesario el tratamiento médico?
No todas las personas obesas necesitan tratamiento médico. Si un
paciente pierde peso modificando su dieta y actividad física no es necesaria la
consulta del médico. Sin embargo en las siguientes circunstancias se recomienda
consultar al médico:
Personas con un IMC mayor de 30 que no han perdido peso con los
cambios en la dieta y la actividad física.
Personas con un IMC de 30 o menor y que tienen además factores
de riesgo como elevación de colesterol (hipercolesterolemia), diabetes,
artrosis, etc... u otras complicaciones relacionadas
con el sobrepeso.
Personas con un IMC de 30 o inferior que han aumentado su peso
rápidamente.
Algunos
medicamentos utilizados en el tratamiento de la
obesidad pueden producir complicaciones graves, nunca deben ser la base del
tratamiento y nunca deben utilizarse en niños y adolescentes.
¿Cómo se mantiene la pérdida de peso?
Los regímenes para perder peso más eficaces son los indicados
por los especialistas, pero la mayor dificultad reside en conseguir un cambio
en el estilo de vida (dieta y ejercicio físico), que evite la ganancia del peso
perdido.
La ganancia de peso y el desarrollo de obesidad es un proceso
lento, no se puede esperar alcanzar el peso adecuado en pocas semanas o meses.
La obesidad no se puede curar, el tratamiento es por lo tanto muy prolongado,
incluso para toda la vida si se pretenden evitar los riesgos de esta
enfermedad. La medicación puede jugar, en todo caso, un papel transitorio o de
apoyo.
Los conocimientos sobre los efectos del consumo prolongado
(durante años) de medicación en el tratamiento de la obesidad y de la
compatibilidad con otras medicaciones son muy limitados. Hasta que no se
disponga de más información o de medicamentos nuevos, el uso de medicación o de
dietas muy extremas deben reservarse para pacientes con complicaciones en los
que es muy importante la pérdida de peso.
¿Qué medicamentos se pueden usar en el tratamiento de la
obesidad?
Algunos medicamentos pueden aumentar la pérdida de peso o ayudar
a evitar recuperar el peso perdido.
Los medicamentos que reducen el apetito facilitan la adaptación
a la dieta. Incluso pueden hacer perder peso sin realizar dieta, pero son más
eficaces cuando se combinan ambos. Esto se debe probablemente a una mayor
sensación de saciedad cuando se come y menos crisis de bulimia (necesidad
imperiosa de comer). Algunos de estos fármacos pueden aumentar las calorías que
el organismo quema.
Otros medicamentos impiden la absorción de grasa en el intestino
delgado. No tienen los efectos secundarios que los medicamentos que suprimen el
apetito, pero pueden provocar diarrea o pérdida de grasa con la heces. Estos
medicamentos pueden incrementar la pérdida de peso, especialmente cuando el
pacientes se ha estabilizado después de una dieta. En cualquier caso, los
medicamentos son una parte más y nunca la más importante de un programa que
incluya dieta y ejercicio físico.
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