El cáncer de testículo es un tumor poco frecuente que supone el
1-2% de los totales del adulto, pero de gran importancia pues afecta a varones
jóvenes, preferentemente entre los 15 y 35 años. En España, la incidencia anual
se sitúa entre 1,6 y 2 casos por cada 100.000 habitantes.
Aunque las causas que lo originan no están bien definidas, se
sabe que la enfermedad afecta con mayor frecuencia a aquellos pacientes cuyos
testículos, por una u otra razón, no han descendido bien al escroto desde que
eran bebés (esta circunstancia se denomina criptorquidia).
Los tumores de testículo se clasifican atendiendo al tipo de
células que los forman. De todos los tumores testiculares el 90-95% son tumores
de células germinales, término que engloba tumores como el seminoma (35%), el
carcinoma embrionario (20%), el teratoma (5%), el coriocarcinoma (1%) y
combinaciones de los citados previamente (40%). El resto se conocen como
tumores no germinales (gonadoblastoma, tumor de las células de Leydig y tumor
de células de Sertoli).
Estos tumores puede tratarse y curarse totalmente con cirugía y
quimioterapia o radioterapia, que se aplicarán según el tipo de tumor de que se
trate y la fase en que se encuentre la enfermedad.
De interés
En nuestra sección 'El cáncer' encontrará
artículos sobre otros tipos de cáncer y algunos consejos.
¿Cuáles son los síntomas del cáncer de testículo?
El cáncer testicular se suele detectar por casualidad. La
manifestación más frecuente es al aumento de tamaño no doloroso del testículo,
que es progresivo y puede asociarse a sensación de pesadez, aunque en ocasiones
puede aparecer dolor agudo por hemorragia dentro del tumor. También puede ser
detectado de forma casual después de un traumatismo o por la pareja durante las
relaciones sexuales.
Como consejo debemos indicar que si nota cambios en uno o, con
menor frecuencia, en ambos testículos, no dude en realizarse un examen médico
adecuado.
¿Cómo se diagnostica el cáncer testicular?
La
autoexploración juega un papel fundamental en el
diagnóstico precoz ya que el diagnóstico habitualmente se suele demorar entre 3
y 6 meses. La identificación de una masa o aumento del testículo debe ser
evaluada mediante
ecografía escrotal. Una proporción importante de los
tumores testiculares producen unas sustancias conocidas como marcadores
tumorales (alfafetoproteína y gonadotropina coriónica humana) cuya importancia
radica no sólo en el punto de vista diagnóstico sino que permiten controlar la
eficacia del tratamiento y el diagnóstico precoz de las posibles recaídas de la
enfermedad tumoral. Estas sustancias son producidas y liberadas a la sangre por
las células malignas del tumor.
El estudio de estos tumores se completa con la realización de un
escáner (TAC) abdominal para constatar o no la
extensión del tumor a los ganglios linfáticos.
El primer paso consiste en identificar el tumor testicular para
seleccionar el tratamiento óptimo. Para ello no hay otro remedio que extirpar
el testículo afectado a través de una incisión en la ingle, procedimiento
conocido como orquiectomía radical.
Dependiendo del tipo de tumor y la extensión del tumor, el
tratamiento quirúrgico se puede completar con
quimioterapia o
radioterapia. La eficacia del tratamiento y la
vigilancia de las recaídas se realiza gracias a la medición de marcadores y
realización de estudios radiológicos.
Pronóstico
El éxito del tratamiento reside en un diagnóstico lo más precoz
posible y en la determinación de la extensión del tumor, lo que va a permitir
elegir el tratamiento óptimo. El tratamiento es eficaz en la gran mayoría de
los casos. De hecho, el porcentaje de supervivencia a los cinco años en la
mayoría de las formas de cáncer testicular es superior al 90% si se detecta
precozmente. Existen ejemplos en personajes públicos (ciclistas, futbolistas,
etc) que contribuyen a invitar al optimismo a todos aquellos que se vean
afectados por este problema.
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