Casi todos los niños pequeños vomitan de vez en cuando, tanto si
disfrutan de la
lactancia materna como si se crían con biberón (lactancia artificial).
Los niños sometidos a un estrés intenso en el colegio o en
casa pueden vomitar alguna vez.
Cuando un niño se enferma, su estómago no funciona
correctamente, no se vacía con la rapidez habitual y esto hace que el alimento
sea expulsado al exterior. Un niño enfermo vomita con facilidad.
Vomitar resulta molesto para el niño, pero rara vez es
peligroso.
¿Qué hace vomitar?
Hay muchos motivos por los cuales un niño puede
vomitar.
Si la cantidad es escasa y el bebé se encuentra bien, puede
deberse simplemente a que el niño ha comido demasiado y vomita lo ingerido en
exceso.
Pueden aparecer vómitos en situaciones de indigestión,
acompañados, con frecuencia, de
diarrea. Una de las causas posibles es una infección
del estómago por algún
virus.
Cuando un niño pequeño padece una infección de oídos (otitis), de la
garganta, de las
vías respiratorias o de los pulmones, del aparato
urinario o del apéndice (apendicitis), y al mismo tiempo experimenta una subida
de temperatura (fiebre), es frecuente que además
vomite.
Los niños sometidos a un estrés intenso en el
colegio o en
casa pueden vomitar alguna vez. Si esto ocurre con
mayor frecuencia, es recomendable consultar con el médico.
De interés
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Una vez que el niño ha vomitado, ayúdele a enjuagarse la boca
con agua, porque el vómito deja un sabor agrio. Los niños pequeños que no saben
enjuagarse pueden ingerir un poco de agua.
Después de vomitar, el niño suele estar frío, sudoroso y
cansado. Límpiele la cara con una toalla húmeda y déjele descansar. La mayoría
de los niños quieren dormir después de vomitar y esto es normal. Vigílele con
frecuencia y esté listo para ayudarle si se siente de nuevo enfermo.
Debe mantenerse la lactancia materna, pero si los vómitos
persisten, avise al médico.
Si el niño ya es mayor, puede ser beneficioso no darle leche o
derivados lácteos durante un par de días.
Asegúrese de que el niño no se deshidrata dándole de beber
líquidos abundantes. Se recomiendan especialmente zumos diluidos o bebidas de
cola sin gas (o previamente removidas con una cucharilla para
eliminarlo).
No deben ingerir una gran cantidad de líquido inmediatamente
después de vomitar, porque el líquido puede irritar el estómago y hacer que se
ponga mal de nuevo. Si el niño no tolera nada de líquido, déjele descansar
durante un par de horas y trate, a continuación, de darle cantidades pequeñas,
pero frecuentes.
Si entre tanto el niño tiene sed, déle pequeñas cantidades de
agua con una cucharilla.
El estómago tolera mejor el agua si no está demasiado fría. Si
el niño quiere beber demasiado o con gran avidez, dele un pañuelo limpio
empapado en agua fría para que lo chupe, o bien un cubito de hielo o un
polo.
Cuando al mismo tiempo que vómitos hay diarrea, se puede
producir una pérdida excesiva de líquido. Este trastorno no es grave si sólo
dura un par de días, pero si se prolonga o se repite, es necesario consultar
con el médico.
El médico le puede aconsejar que compre en su farmacia una
solución de hidratos de carbono y electrolitos, o los sobres de polvo para
prepararla. Estas soluciones hidratantes añaden un suplemento al agua de bebida
que proporciona energía y sales.
Una alternativa menos recomendable es que usted mismo prepare
la solución hidratante con limonada diluida o agua añadiendo un poco de sal y
azúcar. Añada a un litro de agua 8 cucharaditas (40 gramos) de azúcar y una
cucharadita (5 gramos) de sal. Si el niño no mejora en uno o dos días, consulte
a su médico.
Si el niño sigue vomitando o persiste la diarrea, llame a su
médico.
¿Cómo puede usted saber si su niño necesita líquidos?
Controle con qué frecuencia hace deposiciones. Si todavía usa
pañales, cuente los que tiene que cambiarle. Otro signo de deshidratación es
que el niño llore sin lágrimas. Observe el interior de la boca: la mucosa oral
debe estar húmeda y sonrosada, la lengua húmeda y debe haber
saliva.
Si el niño se niega a ingerir líquidos, necesitará pronto
recibirlos de una u otra forma, así que llame al médico.
¿Pueden llegar a ser graves los vómitos?
En raras ocasiones, cuando un niño de entre tres y cinco semanas
de edad empieza a vomitar bruscamente de manera reiterada y violenta, puede
sufrir una estenosis pilórica, que consiste en un cierre o estrechamiento de la
salida del estómago (el píloro) por una potencia excesiva del anillo muscular
que la controla. En estos casos pida ayuda médica rápidamente. El trastorno
puede precisar intervención quirúrgica, pero la recuperación es
completa.
Un cuadro de vómitos intensos en un niño menor de cuatro años
puede deberse a invaginación. Este trastorno consiste en que una parte del
intestino se desliza dentro de la siguiente, del mismo modo que lo hacen las
piezas de un catalejo. Los niños pequeños pueden levantar las piernas,
palidecer y eliminar sangre con las deposiciones. Es necesario consultar lo
antes posible con un médico, aunque la intervención quirúrgica no siempre es
necesaria.
Si el niño se comporta de forma extraña, parece confuso o es
difícil comunicarse con él, consulte a su médico.
Dr. Per Grinsted
, médico general, Dr. Stuart Crisp
, especialista en Pediatría, Dr. Stephen Green
, especialista en Pediatría.
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