La amniocentesis genética es una técnica de diagnóstico prenatal
cuya finalidad es la obtención del cariotipo del feto. El cariotipo es el
número de cromosomas con el que contamos las personas. Las personas normales
tenemos 46 cromosomas, distribuidos en 23 parejas (22 pares de cromosomas
llamados autosomas porque determinan la formación de las distintas partes del
cuerpo y 1 par de cromosomas llamados sexuales porque determinan el sexo del
feto); así, el cariotipo de un varón normal es 46 XY y el de una mujer normal
46 XX.
El Síndrome de Down o mongolismo es la alteración cromosómica
más frecuente y su cariotipo es 47 XX o 47 XY (es decir, cuando en condiciones
normales existen 46 cromosomas distribuidos en 23 pares, en esta alteración el
par 21 lo conforman 3 cromosomas en lugar de 2 por lo que se tienen en total 47
cromosomas; también se le llama trisomía del 21).
En la mayoría de los países se asume que el riesgo a partir de
los 35 años justifica realizar una amniocentesis genética.
Se trata de una técnica “invasiva” que supone la introducción de
una aguja a través de las paredes del abdomen y del útero o matriz de la madre
hasta llegar a la cavidad amniótica donde el feto se encuentra inmerso en el
líquido amniótico. Mediante la aguja se extrae una cantidad aproximada de 15 a
18 cc del líquido, del cual se obtienen las células necesarias para que el
especialista en Genética efectúe el análisis cromosómico correspondiente. La
técnica suele realizarse entre la 16 y la 18 semanas de gestación.
¿Para qué sirve esta técnica?
La información que obtenemos con esta prueba sirve para conocer
el número de cromosomas del feto y por tanto podremos descartar alteraciones en
los cromosomas, como el Síndrome de Down u otras anomalías.
Es importante resaltar que dado que esta prueba sólo analiza el
número de cromosomas y sus posibles alteraciones, un resultado normal de la
misma no descarta que el feto pueda nacer con otro tipo de defecto anatómico,
como malformaciones de órganos como el corazón, los riñones, el aparato
digestivo, las extremidades, etc, o con retraso mental.
¿Cuándo debe realizarse la prueba?
¿Saber más?
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La principal indicación para realizar una amniocentesis es la
edad de la madre. Cuanto mayor es la edad de la mujer embarazada mayor es la
probabilidad de que el feto padezca una alteración en sus cromosomas y, de
forma específica, un Síndrome de Down. Así, el riesgo de una embarazada de 25
años de tener un hijo con Síndrome de Down es de 1/1.250 (es decir, una
posibilidad entre 1.250 nacimientos), mientras que a los 35 años el riesgo es
de 1/274 (es decir, una posibilidad entre 274 nacimientos), y a los 40 años el
riesgo es de 1/79 (es decir, una posibilidad entre 79 nacimientos).
En la mayoría de los países, entre los que se encuentra el
nuestro, se asume que el riesgo a partir de los 35 años justifica realizar el
cariotipo fetal; en otros países, sin embargo, el límite se sitúa a los 38
años.
Otras indicaciones para realizar la prueba son:
El antecedente de haber tenido un hijo previo aquejado de una
alteración de los cromosomas.
El que uno de los progenitores sea portador de una anomalía
cromosómica.
La detección por parte del ginecólogo de los llamados
“marcadores ecográficos” de alteraciones cromosómicas, como aumento del grosor
del pliegue de la nuca del feto, quistes de los plexos coroideos del cerebro
del feto, malformaciones de los órganos del feto, etc.
Alteraciones en los niveles de las hormonas que se estudian
en la prueba llamada del “triple test” o “triple screening”.
El médico informa a la paciente detalladamente del desarrollo
de la prueba y pide su consentimiento informado. A continuación, el ginecólogo
invitará a la mujer a pasar a la sala donde realizará una
ecografía al feto para comprobar su
vitalidad, su situación y las medidas de sus órganos, así como para localizar
dónde se encuentra ubicada la placenta y el lugar más apropiado para realizar
la punción. Posteriormente, se procede a la desinfección de la piel del abdomen
de la madre. El médico realizará entonces la punción con una aguja fina, guiado
por la ecografía que está haciendo simultáneamente. Una vez que comprueba que
la aguja está en el sitio deseado dentro de la llamada cavidad amniótica del
feto, aspira unos 15-20 cc de líquido amniótico y retira la aguja, con lo que
la prueba ha concluido.
Inmediatamente después de la punción se vuelve a realizar otra
ecografía para comprobar que todo ha ido bien, que el feto está perfectamente y
que no ha habido ninguna complicación, con lo que la mujer pasa a una sala para
descansar durante un rato. Si todo ha ido bien, la prueba dura unos 15-20
minutos. Habitualmente se recomienda a la paciente que repose en su domicilio
durante 48 horas y que comunique a su médico cualquier problema en relación con
la prueba.
En caso de que la paciente tenga el grupo sanguíneo Rh negativo
se le administrará la gammaglobulina anti-D para evitar en el futuro una
complicación del feto llamada “isoinmunización Rh”.
¿Qué complicaciones pueden surgir al realizar esta
prueba?
La amniocentesis genética no es una prueba totalmente exenta de
riesgos, aunque la frecuencia de aparición de complicaciones es baja. Se estima
que el riesgo de
aborto o pérdida del feto después de
hacerse la prueba es del 1 % (es decir, de 100 mujeres que se hacen la prueba
una podrá sufrir un aborto). Otras posibles complicaciones son la rotura
prematura de membranas y la isoinmunización Rh.
Ana Palacios Marqués
, especialista en Obstetricia y Ginecología.
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