El sarampión es una enfermedad contagiosa, producida por un
virus de la familia de los paramixovirus. El sarampión
se caracteriza por presentar tres fases evolutivas:
Fase de incubación
Suele durar entre 10-12 días y no existe ningún síntoma o bien
los existentes son muy poco evidentes.
Fase prodrómica
Se caracteriza por la existencia de
conjuntivitis,
fiebre y rinitis, y por la aparición de
tos, que se va haciendo cada vez más
intensa.
Fase final
Aparece un característico exantema, esto es, lesiones
cutáneas de color asalmonado, que suele iniciarse en el cuello y cara, desde
donde se extiende por todo el cuerpo. En esta fase, la fiebre suele ser
elevada.
La transmisión del virus del sarampión se produce,
fundamentalmente, durante la fase en la que no existen síntomas o son
inespecíficos, lo que significa que una persona se encuentra en su momento
álgido de capacidad de contagio en el momento en el que todavía no ha sido
diagnosticada de la enfermedad. Durante este período y durante un breve
intervalo después de la aparición de las lesiones cutáneas, el virus se
encuentra en las secreciones nasofaríngeas (tos y mocos), la sangre y la orina.
El virus puede permanecer activo durante al menos 34 horas a temperatura
ambiente.
¿Que riesgo de contagio presenta la enfermedad?
El virus del sarampión es muy contagioso; se estima que
aproximadamente el 90% de las personas susceptibles de presentar la enfermedad,
es decir, que no poseen defensas frente al virus, adquieren la enfermedad. Este
hecho explica que casi el 100% de la población mayor de 30 años presente
defensas frente al virus del sarampión, pues en algún momento de su vida
entraron en contacto con el virus y desarrollaron la enfermedad.
Una persona infectada se vuelve contagiosa para el resto de la
población, aproximadamente al noveno o décimo día después de haber entrado en
contacto con el virus, (es a lo que anteriormente hemos denominado fase
prodrómica).
¿Cuándo se debe establecer el aislamiento?
Un enfermo de sarampión debe mantener precauciones de
aislamiento para no contagiar a amigos y familiares, hasta cinco días después
de que hayan desaparecido las lesiones cutáneas asalmonadas o
exantema.
Insistimos en que el período de mayor riesgo de contagio se
produce cuando el paciente desconoce que se encuentra infectado por el virus
del sarampión.
¿Cuáles son las principales manifestaciones clínicas?
Aproximadamente hacia el noveno o décimo día de la infección
aparece la fiebre, que suele disminuir en aproximadamente 24 horas y suele ser
el único signo evidente durante el período de incubación.
Durante la fase prodrómica el paciente sufre tos seca, fiebre,
rinitis y conjuntivitis, y los pacientes suelen presentar intensas molestias
frente a la luz, lo que en términos médicos se denomina fotofobia. Es muy
característica la existencia de una mancha blanquecina en la parte interna de
la mejilla, junto a los dientes molares.
En el momento en que aparece el exantema o lesión cutánea
sonrosada, la temperatura se eleva bruscamente, pudiendo alcanzar incluso los
40°C; estas lesiones suelen iniciarse en el cuello, detrás de las orejas, y en
las mejillas. En las primeras 24 horas, las manchas cutáneas se extienden por
el tórax, abdomen y extremidades. Al segundo o tercer día, las manchas
comienzan a desaparecer, y lo hacen en el mismo orden en el que aparecieron,
primero desaparecen de la cara, luego del tronco y finalmente, de las
extremidades. Las manchas asalmonadas suelen ir acompañadas de un gran picor
que obliga al paciente a un rascado continuo, dificultando, en ocasiones, el
descanso nocturno.
¿Qué tratamiento deben realizar las personas afectadas por
sarampión?
El sarampión no posee, desgraciadamente, un tratamiento
específico. Para esta enfermedad, como para casi todas las enfermedades
producidas por un virus, se realiza un tratamiento de los síntomas (tratamiento
sintomático). De esta forma, el paciente debe permanecer en reposo, con
fármacos antipiréticos para controlar la fiebre elevada, siendo conveniente
también que beba abundantes líquidos y que permanezca en una habitación
confortable y bien humidificada, para evitar la tos irritante. Asímismo, se
aconseja evitar la luz intensa, ya que el paciente sufre importantes molestias
ante la exposición a la luz.
¿Cuáles son las principales complicaciones?
Las complicaciones son poco frecuentes, apareciendo
especialmente en adultos que sufren una infección por el virus del sarampión;
las principales son la
otitis media, la
neumonía y la
encefalitis (una inflamación de las estructuras
nerviosas del cerebro).
¿Qué precauciones deben tener las mujeres embarazadas?
Una mujer que desea quedarse embarazada debe conocer si está
vacunada frente al virus del sarampión, o bien si en algún momento pasó la
enfermedad, puesto que esta infección durante la gestación, puede causar serias
complicaciones al feto. En el supuesto de que existan dudas razonables al
respecto, se debe consultar al médico general, para que determine la existencia
de anticuerpos frente al virus mediante una analítica específica, es decir,
para establecer si el sistema inmune o sistema de defensa, tiene mecanismos
preparados para defender al organismo frente al virus. En caso afirmativo,
significa que la paciente ya estuvo en contacto con él y, por tanto, pasó la
enfermedad. En el supuesto de no haber pasado nunca la enfermedad se procederá
a la vacunación, como a continuación explicaremos, siempre y cuando la paciente
no se encuentre embarazada.
¿En qué consiste la vacuna contra el sarampión?
La primera
vacuna contra el sarampión se suele administrar a los
15 meses y dado que el número de pacientes que presenta defensas frente al
virus no es del 100%, se suele administrar una segunda dosis cuando el niño
está en edad escolar.
La vacuna contiene virus atenuados, es decir, virus vivos pero
no susceptibles de producir la enfermedad. La vacuna no se debe administrar a
mujeres embarazadas por los riesgos a los que se somete al feto. Además, las
mujeres en edad fértil vacunadas con el virus del sarampión, deben evitar
quedarse embarazadas en los tres meses siguientes.
Algunos mitos sobre la enfermedad
¿Es verdad que si se cubren con papeles rojos las bombillas de
la habitación, la enfermedad se pasa antes? Esta es una idea muy extendida en
muchas comarcas de España y nada hay más lejos de la realidad. Al ser una
enfermedad viral, no se está atajando el origen de la enfermedad. Probablemente
el origen de esta arraigada creencia se encuentre en que, al cubrir de un color
sonrosado el foco luminoso, el ambiente se hace más rojo y se encubre el color
de las lesiones cutáneas; además esta protección luminosa produce menos
molestias oculares.
¿Es verdad que si se pasa una vez el sarampión, no se vuele a
tener la enfermedad? Como se ha comentado anteriormente, cuando nuestro sistema
defensivo entra en contacto con el virus causante de la enfermedad, se crean
unas defensas que permanecen indefinidamente y que nos evitan desarrollar de
nuevo la enfermedad.
¿Es verdad que es preciso tener a una persona en cuarentena
para evitar el contagio del sarampión? La cuarentena hace referencia, como su
propio nombre indica, a un período de cuarenta días, como es fácil comprender
no es preciso mantener este aislamiento tan prolongado, puesto que una persona
deja de eliminar el germen, y por tanto, deja de ser contagiosa,
aproximadamente a partir del quinto día de la aparición de las lesiones
cutáneas sonrosadas. Por tanto, con evitar el contacto durante ese periodo es
suficiente.
¿Es verdad que conviene mantener la habitación del enfermo lo
más fría posible para bajar más rápidamente la fiebre? Como ya se ha mencionado
antes, la habitación del paciente debe ser lo más cómoda posible, debe
encontrarse humidificada y se prefiere un ambiente cálido antes que frío. Se
aconseja que el paciente permanezca en cama al menos durante los 3-4 primeros
días.
¿Es malo rascarse? Las lesiones cutáneas producidas por el
virus del sarampión producen un intenso picor, que puede evitar que el paciente
descanse por la noche. Para evitar estas molestias es aconsejable el empleo de
cierta medicación, como, por ejemplo, algunos antihistamínicos, que además
permiten el descanso nocturno.
¿Son buenos los antibióticos para tratar la enfermedad? El
sarampión, al igual que otras enfermedades, entre las que se incluye la gripe,
es una enfermedad contagiosa producida por un virus, esto quiere decir que los
antibióticos, fármacos muy potentes frente a infecciones producidas por
bacterias (como las causantes de la neumonía), no son útiles.
Dr. Per Grinsted
, médico general, Dr. John Pillinger
, médico general.
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