Hepatitis es una palabra derivada del latín que designa la
inflamación hepática. Se caracteriza por la destrucción de una cantidad
variable de células hepáticas y por la presencia de células inflamatorias en el
tejido del hígado. La hepatitis puede ser causada por enfermedades que atacan
específicamente a las células, o como consecuencia de una enfermedad más
generalizada, como la
mononucleosis infecciosa. Las hepatitis pueden
clasificarse en dos variedades de acuerdo con su duración: hepatitis aguda (que
dura menos de 6 meses) y hepatitis crónica (que dura más de 6 meses).
El diagnóstico de la hepatitis se confirma mediante un
análisis de sangre. Resulta también necesario, a veces, el estudio al
microscopio de un trozo de tejido del hígado obtenido por medio de una
biopsia.
Hepatitis auto inmune: en esta enfermedad resultan destruidas
una parte de las células hepáticas por el ataque del propio sistema inmunitario
del paciente. La hepatitis auto inmune puede manifestarse en algunas ocasiones
como una hepatitis aguda, pero su evolución espontánea siempre es hacia la
cronicidad. Es el único tipo de hepatitis que se considera crónica aunque no
hayan transcurrido 6 meses desde su comienzo. La causa desencadenante es
desconocida.
Una persona puede sufrir hepatitis si se infecta con alguno de
los virus que pueden causar inflamación hepática o como consecuencia de la
exposición a productos que pueden originar hepatitis (alcohol, setas venenosas
o determinados medicamentos).
Los medicamentos pueden producir hepatitis por dos mecanismos
diferentes, ya sea por una dosis excesiva de un medicamento intrínsecamente
tóxico si se toma en cantidades muy elevadas (por ejemplo, paracetamol), ya sea
por una reacción anormal del hígado ante una dosis normal (por ejemplo, el
anestésico Halotano). Afortunadamente el segundo mecanismo actúa en raras
ocasiones y para prevenir el primero basta con no superar las dosis
recomendadas.
¿Cuáles son los síntomas de hepatitis?
Hepatitis aguda
Los síntomas de hepatitis aguda son muy variables de un
enfermo a otro. Algunos no presentan ningún síntoma en absoluto y, en la
mayoría de los casos, los niños tienen sólo síntomas leves.
Náuseas, pérdida de apetito, alteraciones en la percepción de
los sabores.
Molestia o dolor bajo el reborde costal derecho debido al
aumento de tamaño del hígado.
Dolores musculares y articulares,
dolor de cabeza, erupción cutánea.
La fase ictérica:
Color amarillento de las escleróticas (el "blanco" de los
ojos), la piel y las membranas mucosas.
Orinas oscuras (como el coñac).
Heces más claras de lo normal.
Al iniciarse este periodo, los síntomas iniciales
mejoran.
La fase de convalecencia:
Cansancio, que puede durar semanas.
En un 5 a 8% de los casos de hepatitis A se produce una
recaída, generalmente más leve que el primer episodio.
Hepatitis crónica
Muchos enfermos no tienen síntomas
Cansancio, incremento de la necesidad de dormir, dolores
musculares y articulares.
Molestias ligeras e intermitentes por debajo del borde de las
costillas, debido al aumento de tamaño del hígado.
La ictericia es de aparición muy tardía en la hepatitis
crónica. Indica enfermedad grave.
¿Quién puede tener hepatitis?
Pacientes con ictericia u otros síntomas de posible aparición
en la hepatitis
Personas que tienen muchas probabilidades de haberse contagiado
por los virus de las hepatitis B o hepatitis C.
Personas con riesgo elevado debido a la existencia en sus
familias de casos de hepatitis hereditaria (los trastornos del metabolismo
citados anteriormente, por ejemplo).
¿Cómo se puede prevenir la hepatitis?
Evitando exponerse a los virus de las hepatitis infecciosas.
Vacunándose contra las hepatitis A y B si tiene usted un riesgo
alto de contagiarse de tales virus.
Evitando consumir cantidades excesivas de alcohol.
¿Qué puede hacer el enfermo?
No beba alcohol si tiene síntomas de hepatitis o un análisis de
sangre ha revelado que la enfermedad está activa.
Si la causa es el abuso de alcohol, debe dejar por completo de
beber y pedir consejo a su médico para mantenerse abstemio.
Haga una alimentación equilibrada
Si tiene síntomas de hepatitis aguda, puede necesitar un cierto
reposo. Sin embargo, si se encuentra bien no hay ningún motivo por el cual no
pueda usted trabajar y seguir realizando sus demás actividades.
Si tiene usted hepatitis crónica trate de hacer una vida lo más
normal posible.
Los enfermos con hepatitis B deben informar sobre ello a sus
familiares, a sus compañeros sexuales y a las demás personas que convivan con
ellos. Todas estar personas pueden protegerse vacunándose contra esta
enfermedad. Hasta que la vacuna haga efecto debe utilizarse preservativo en las
relaciones sexuales. Nunca se deben compartir objetos de higiene personal que
puedan contaminarse con sangre (maquinillas de afeitar, corta-uñas, etc.).
Si usted tiene una hepatitis A debe informar sobre ello a su
familia para que puedan protegerse mediante una higiene adecuada y, en algunos
casos, con inyecciones de gammaglobulina. No obstante, cuando la hepatitis A
entra en la fase ictérica la contagiosidad suele ser ya escasa o nula.
Si usted es consumidor de
drogas por vía intravenosa, no comparta nunca el
material de inyección. Reducirá con ello el riesgo de adquirir hepatitis y
otras enfermedades infecciosas aún más graves.
Si padece usted hepatitis crónica debe visitar regularmente a
su médico.
¿Cómo se diagnostica la hepatitis?
El diagnóstico se confirma mediante un análisis de sangre y, en
algunas ocasiones resulta también necesario el estudio al microscopio de un
trozo de tejido del hígado obtenido por medio de una
biopsia hepática. Algunos de los análisis de sangre
permiten identificar la causa de la enfermedad y excluir otras posibilidades.
Otros análisis reflejan qué grado de actividad tiene la inflamación en ese
momento.
En los casos de hepatitis crónica la intensidad y
características de la lesión hepática sólo pueden establecerse mediante una
biopsia hepática.
Pronóstico
Las hepatitis agudas por el virus de la hepatitis A mejoran
espontáneamente en la inmensa mayoría de los casos y nunca pasan a la
cronicidad. La hepatitis aguda B suele evolucionar bien, pero el 5% de los
pacientes desarrollan una hepatitis crónica (el riesgo es mayor en niños
pequeños). La hepatitis aguda C suele dar pocos o ningún síntoma, pero
aproximadamente el 70% de los casos se hacen crónicos. En conjunto, las
hepatitis infecciosas tan sólo producen insuficiencia hepática aguda
potencialmente mortal en menos de 1 caso de cada 300.
La hepatitis que aparece en el curso de la mononucleosis
infecciosa siempre se cura espontáneamente.
La hepatitis aguda por medicamentos o alcohol suele mejorar una
vez que cesa la exposición del hígado al producto responsable.
Alrededor de la quinta parte de los enfermos con hepatitis
crónica B o C corren el riesgo de acabar sufriendo cirrosis hepática o cáncer
de hígado.
Otros tipos de hepatitis crónica también pueden producir
cirrosis.
¿Cómo se tratan las hepatitis?
No existe tratamiento para la hepatitis viral aguda. Sin
embargo, se está ensayando el interferón en fases tempranas de la hepatitis
C.
La hepatitis crónica B puede tratarse con interferón.
La hepatitis crónica C puede tratarse con interferón y
ribavirina.
La hepatitis auto inmune puede tratarse con glucocorticoides,
solos o asociados a un inmunosupresor (azatioprina).
Dr. Court Pedersen
, especialista en Enfermedades Infectocontagiosas, Dr. Ove Schaffalitzky de Muckadell
, especialista en Gastroenterología.
NetDoctor.es posee los derechos de autor sobre todos los documentos contenidos en este sitio web, y se presentan con fines informativos únicamente. En ningún caso están pensados como sustitutos ni de cuidados médicos profesionales ni de la atención de un facultativo cualificado. Los documentos y el material informativo sobre los que NetDoctor.es posee los derechos de autor no se pueden y no se deben usar como base para un diagnóstico o para la elección de un tratamiento. Haga clic aquí -> Condiciones de uso - Información legal importante .