Se trata de una reacción eritematosa, con formación de escamas o
costras amarillentas con aspecto grasiento que afecta principalmente a las
áreas seborreicas (aquéllas con una alta concentración de glándulas sebáceas),
como son: cuero cabelludo, cara, detrás de las orejas, zona central del pecho y
pliegues (axilas e ingles).
La verdadera causa de la enfermedad sigue siendo desconocida,
aunque parece que existe una predisposición genética.
Aparece en la lactancia entre la segunda y la décima semanas de
vida. Aproximadamente en el 50% de los niños se produce antes de la quinta
semana de edad, y aunque puede continuar a lo largo de su vida, desaparece
espontáneamente en el transcurso de poco tiempo, no reapareciendo hasta el
comienzo de la pubertad. Su frecuencia en el recién nacido está en torno al
12%.
No existen pruebas que demuestren que los niños afectados tengan
una predisposición especial para padecer la enfermedad siendo
adultos.
¿Cuál es la causa?
La verdadera causa de la enfermedad sigue siendo desconocida.
Parece existir una predisposición genética y se han tomado en consideración
factores muy diversos en su desarrollo:
Alteración en el funcionamiento de las glándulas sebáceas.
El proceso generalmente comienza, y puede permanecer localizado,
en el cuero cabelludo en forma de placas descamativas, grasientas, de color
amarillento, de tamaño y formas variables que asientan sobre una piel
enrojecida.
Hacia la cuarta semana puede progresar y extenderse a la frente,
orejas, cejas y parte superior de la espalda, llegando incluso a afectar a
pliegues, tronco y áreas anogenitales en forma de placas rojas con escamas, de
bordes bien definidos, que en el caso de los pliegues pueden ir desde un simple
enrojecimiento, con ligera descamación, hasta placas rojas húmedas, con fisuras
y escamas grasientas adherentes.
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En ocasiones aparece sobreinfección por el hongo Cándida
albicans o la
bacteria Staphyloccocus aureus lo que puede modificar
parcialmente la sintomatología.
No suele ir acompañado de otros síntomas del estado general, y
el picor es débil o no existe.
¿Cuál es el pronóstico?
Es bueno, incluso sin tratamiento, y muchos casos pueden llegar
a desaparecer en el espacio de varias semanas o meses.
¿Cómo se diagnostica?
Se realiza por las características y localización de las
lesiones. En ocasiones pueden plantearse dudas, sobre todo si el proceso está
muy evolucionado o se han sumado efectos irritativos o
sobreinfecciones.
¿Qué medidas se pueden tomar en casa?
El niño estará más cómodo si se le quita o se afloja cualquier
prenda de vestir que cubra el cuero cabelludo.
En mucho casos, se soluciona únicamente con el uso de un champú
suave no medicado.
Si las escamas son abundantes o están muy adheridas,
utilizaremos parafina líquida, aceite de oliva o glicerina.
El tratamiento de la dermatitis seborreica infantil no debe ser
agresivo, dada la buena evolución del proceso y la tendencia a la curación
espontánea.
Se utilizarán corticoides tópicos (aplicados directamente sobre
la piel) de escasa potencia (hidrocortisona, etc.), que sólo se cambiarán a
corticoides más potentes si no se obtiene una respuesta favorable.
Las lesiones del cuero cabelludo (costra láctea) pueden tratarse
con queratolíticos (ácido salicílico) al 4 o 5% en vaselina, con lo que se
logra el descostrado en poco tiempo; son útiles después las lociones de
corticoides de baja potencia hasta el control completo del proceso. Los champús
que contienen azufre, piritiona de zinc o breas también se utilizan con
frecuencia.
En los casos en los que existe una sobreinfección por hongos o
bacterias, es necesario la aplicación de antifúngicos o antibióticos además de
los tratamientos citados anteriormente.
En los casos en los que las lesiones llegan a ser intensas o
aparecen de forma generalizada, es aconsejable que el niño sea visto por un
dermatólogo.
Dr. Flemming Andersen
, especialista en Dermatología, Dra. Ulla Søderberg
, especialista en Dermatología, Dr. Paul Klenerman
, especialista en Enfermedades Infectocontagiosas.
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