Es un conjunto de síntomas entre los que sobresale la
fatiga, una sensación de cansancio o extenuación que
no se alivia con el reposo, de causa desconocida, y que puede llegar a provocar
incapacidad.
Es un conjunto de síntomas (de causa desconocida) entre los
que sobresale la fatiga, una sensación de cansancio o extenuación que no se
alivia con el reposo.
Aunque también se le ha llamado
encefalomielitis miálgica, el uso de este término es
muy comprometido, ya que supone una inflamación cerebral que no ha podido ser
demostrada.
No se trata de una enfermedad nueva, pues hace ya más de un
siglo se hablaba de la neurastenia, una enfermedad que compartía muchas
características con la fatiga crónica.
Se trata de una enfermedad relativamente común en sus formas mas
leves, pudiendo éstas afectar hasta a un 25% de la población, mientras que las
formas graves que pueden provocar incapacidad apenas llegan al 1%. Parece tener
una especial presencia en personas de clase media, entre 30 y 50 años, y
fundamentalmente del sexo femenino.
¿Cómo se produce?
La causa no es conocida, aunque se han identificado una serie de
factores o enfermedades que parecen contribuir al desarrollo del síndrome.
Entre los factores mas comúnmente citados, aparecen: depresión, ansiedad,
estrés, problemas de orden alérgico/inmunológico,
enfermedades reumáticas, infecciones como la
mononucleosis o el herpes virus humano tipo 6; anemia
grave; alteraciones metabólicas y hormonales (diabetes,
hipotiroidismo) y
fármacos (ansiolíticos, antidepresivos,
antihipertensivos).
Parece haber una cierta susceptibilidad genética, de modo que
personas que han padecido anteriormente
depresiones, tienen un mayor riesgo de sufrirla. En
muchos casos, los síntomas comienzan tras un cuadro
gripal agudo, pero numerosos estudios han sido
incapaces de detectar una causa infecciosa, aunque sí parece que ésta pudiera
activar la enfermedad.
Con el tiempo hay una mejoría gradual, de forma que al cabo de 2
años del inicio, la gran mayoría de los casos experimentan una recuperación
completa, sin tratamiento específico, y sólo unos pocos casos acaban
desarrollando una incapacidad crónica.
De interés
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¿Cuáles son los síntomas?
El síntoma principal es la fatiga, un cansancio anormal, físico
y psíquico, que empeora con la actividad y disminuye la capacidad para el
ejercicio (físico y mental). Existen otros muchos síntomas posibles, siendo los
más frecuentes: dolores musculares, disminución de la capacidad de
concentración, alteraciones del sueño (por ejemplo,
insomnio, aún a pesar de la fatiga),
cefalea, cambios emocionales (como sensación de
frustración, ansiedad, etc.), febrícula (fiebre continuada), cambios de peso y
apetito.
¿Cómo se diagnostica?
Para establecer el diagnóstico es preciso que la fatiga sea
grave (que interfiera con la actividad normal) y prolongada en el tiempo
(algunos autores hablan de, al menos, 6 meses).
Muchas enfermedades pueden causar síntomas similares, de modo
que el médico debe descartarlas mediante un interrogatorio y exploración física
completos. Además, serán necesarios
análisis de sangre y
orina elementales para descartar infecciones,
alteraciones metabólicas, hormonales o inmunes, anemia y tumores. Esto es
importante, pues la mayoría de ellas tienen un tratamiento especifico que logra
un alivio rápido.
Se ha comprobado que las exploraciones sofisticadas y
exhaustivas, así como las consultas con especialistas no mejoran el diagnóstico
ni el curso de la enfermedad; sin embargo, no deben escatimarse en caso de
sospecha de un proceso diferente.
Lo primero, y más importante, es descartar las causas tratables
de fatiga.
Aún cuando se han propuesto muchos tratamientos farmacológicos,
dietéticos, herbales, etc., ninguno de ellos ha demostrado ser especialmente
eficaz. Las curas milagrosas por lo general no sirven de ayuda. En algunos
casos, los antidepresivos proporcionan alguna ayuda, sobre todo en personas con
un trasfondo
depresivo, pero no puede recomendarse su uso
generalizado.
Del mismo modo, su médico puede remitirle a algún centro o
programa de rehabilitación, ya que la terapia conductual cognitiva ayuda a
luchar contra los síntomas de la enfermedad, tanto físicos como
psíquicos.
Por otra parte, el médico puede recetar algún tratamiento para
los síntomas mas notorios, como las cefaleas o los dolores
musculares.
¿Qué puede hacer el paciente?
El propio paciente puede hacer mucho para lograr la
recuperación. El descanso, aunque es la tentación más razonable, sólo es
parcialmente útil en las primeras semanas, pero no a largo plazo, de modo que
es muy importante programar periodos de actividad como parte de la
rehabilitación. Esa actividad deber ir progresivamente en aumento.
Para hacer frente al síndrome de fatiga crónica hay que alcanzar
un equilibrio entre la actividad y el reposo, programando periodos de ambos, lo
que al final, acabará ayudando a alcanzar una mejoría notoria.
En algunas ocasiones, hay que recurrir a cambios en el trabajo,
como reducciones de jornada, cambios en el puesto de trabajo, e incluso cambios
de actividad laboral.
También son importantes una serie de cambios en los hábitos,
tales como programar actividades recreativas fuera de casa,
no fumar, beber abundantes líquidos no alcohólicos,
compartir experiencias con los grupos de apoyo, disminuir el consumo de alcohol
y café, etc.
Dr. Michael Sharpe
, especialista de medicina psicológica.
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