Hepatitis es una palabra latina que designa la inflamación
hepática. La hepatitis de tipo B es causada por un virus denominado virus de la
hepatitis B. Otros tipos de inflamación infecciosa del hígado son la
hepatitis A y la hepatitis C.
¿Cómo se transmite la hepatitis de tipo B?
El virus de la hepatitis de tipo B se puede transmitir de las
siguientes maneras:
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Por contacto con la sangre de una persona infectada:
transfusión de sangre o de derivados sanguíneos infectados, uso de agujas
contaminadas por
consumidores de drogas o de instrumental contaminado
por tatuadores, acupuntores o por hacerse "piercings".
La hepatitis de tipo B es muy contagiosa y en raros casos se
puede transmitir a otros miembros de la familia sin que haya contacto sexual o
con sangre infectada. En estos casos el virus se transmite probablemente a
través de cepillos de dientes.
El virus puede también infectar a personas, generalmente
trabajadores sanitarios, que se pinchan accidentalmente con una aguja
contaminada.
La hepatitis de tipo B afecta con frecuencia a consumidores de
drogas, inmigrantes procedentes de países asiáticos, especialmente del sudeste
de Asia, en los que esta hepatitis es muy frecuente, así como a sus parejas
sexuales.
¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis de tipo B?
El periodo de incubación, que es el que transcurre desde el
momento del contagio por el virus hasta el comienzo de la enfermedad, dura de
dos a seis meses. Los síntomas iniciales son disminución del apetito y
desinterés por la comida, náuseas, dolores musculares y articulares y fiebre
baja.
Más adelante aparecen la ictericia, que es una coloración
amarilla de la piel, las mucosas y la esclerótica (el blanco de los ojos), las
heces poco coloreadas y la orina oscura. Cuando aparecen estos últimos síntomas
el paciente suele empezar a sentirse mejor.
Consultas al médico
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médico.
La infección se hace crónica en un 5% de los pacientes. Los
pacientes con hepatitis crónica de tipo B pueden notar sólo síntomas leves,
como cansancio, dolores musculares y articulares y sensaciones ocasionales de
presión bajo las costillas inferiores del lado derecho del cuerpo, debidas al
aumento de tamaño del hígado. Aproximadamente la quinta parte de estos enfermos
desarrolla
cirrosis al cabo de algunos años; la cirrosis es una
enfermedad degenerativa propia del hígado, que puede originar insuficiencia
hepática u otras complicaciones graves. Por término medio, la cirrosis tarda
unos 15 años en aparecer después de contraída la infección.
Los niños recién nacidos que contraen la enfermedad durante el
parto no muestran síntomas de hepatitis aguda. Sin embargo, alrededor del 90%
de estos casos se hacen crónicos. Si la transmisión se produce durante la
infancia el paso a la cronicidad se da en el 30% de los casos.
No comparta con otras personas agujas ni jeringuillas.
No comparta maquinillas de afeitar de ningún tipo ni cepillos
de dientes con personas infectadas.
Utilice
preservativo en las relaciones sexuales de riesgo.
Se dispone de una vacuna muy eficaz contra la hepatitis de tipo
B. Se administran tres dosis, las dos primeras separadas por un mes de
intervalo, y la tercera cinco meses después de la segunda.
En casi todas las comunidades autónomas el médico de cabecera
puede prescribir la vacuna, que es gratuita.
La vacuna se recomienda claramente para los siguientes
grupos:
Familiares de personas con hepatitis crónica de tipo B.
Personas que realicen prácticas sexuales de riesgo, entre ellas
las parejas sexuales de personas con hepatitis de tipo B.
Niños recién nacidos cuyas madres estén infectadas por el virus
de la hepatitis B.
Personas que consumen drogas.
Personal sanitario que tenga contacto frecuente con sangre o
con enfermos.
¿Qué puede hacer el enfermo?
Procure proteger a sus familiares y parejas sexuales del virus.
Absténgase por completo de tomar bebidas alcohólicas si la
enfermedad está activa. No beba
alcohol a diario si padece hepatitis crónica de tipo
B.
Si tiene hepatitis crónica debe someterse a revisiones médicas
periódicas.
Haga una alimentación variada y equilibrada.
¿Cómo se diagnostica la hepatitis de tipo B ?
El diagnóstico se basa en un
análisis de sangre que detecta diversos componentes
del virus de la hepatitis B y anticuerpos contra los mismos en la sangre del
enfermo. En el análisis de sangre se pueden identificar diversos componentes
del virus que tienen diferente significado. Todos los enfermos con infección
crónica tienen en la sangre un componente viral denominado HbsAg (antígeno de
superficie de la hepatitis B). Cuando el HbsAg está presente, la infecciosidad
de la enfermedad puede ser máxima y, a largo plazo, estos enfermos tienen un
riesgo incrementado de presentar complicaciones. Sin embargo, no todos los
pacientes con HbsAg persistente en la sangre están en la misma situación; es
necesario investigar la existencia de otros componentes del virus en la sangre
para definir con precisión la fase de la enfermedad en la que está el enfermo.
Los análisis de sangre que evalúan la función del hígado pueden poner de
manifiesto la gravedad de la enfermedad, es decir, el grado de afectación
hepática producida por el virus.
En los casos de hepatitis crónica de tipo B, la gravedad de la
enfermedad puede establecerse analizando al
microscopio una muestra de tejido hepático obtenida
mediante
biopsia.
Pronóstico
La mayoría de los enfermos con hepatitis aguda de tipo B se
recuperan por completo al cabo de cuatro a seis semanas.
Muy pocos enfermos (aproximadamente uno de cada 300) desarrollan
insuficiencia hepática como consecuencia de la hepatitis aguda y corren, por lo
tanto, riesgo de morir.
La infección se hace crónica en 1 de cada 20 pacientes adultos.
Sin embargo, esta proporción es mucho más alta en los niños recién nacidos que
han contraído el virus de sus madres durante el parto.
Las complicaciones más graves de la hepatitis crónica de tipo B
son la cirrosis y, en raras ocasiones, el
cáncer de hígado.
¿Cómo se trata la hepatitis de tipo B?
No hay tratamiento médico específico contra la hepatitis aguda
de tipo B. La hepatitis crónica de tipo B se puede tratar con interferón en
inyecciones, siempre que se haya confirmado la actividad de la enfermedad
mediante análisis de sangre o biopsia hepática. Estos tratamientos deben ser
realizados y controlados por especialistas, preferiblemente en el contexto de
unidades especializadas, ya que son complejos y no están libres de efectos
secundarios. Además es necesario adaptar el tratamiento (dosis y duración) al
tipo o cepa responsable del virus.
Aproximadamente una tercera parte de los enfermos obtienen
beneficio del tratamiento. Actualmente se están ensayando períodos más largos
de tratamiento con medicamentos antivirales, con resultados esperanzadores. La
lamivudina es un medicamento antiviral que resulta eficaz en algunos enfermos.
En la actualidad la lamivudina se usa cuando ha fracasado el
interferón o si este está contraindicado o ha producido intolerancia. En
algunos casos, como en los enfermos por infección por VHB o VIH, puede ser el
medicamento de primera elección.
Dr. Court Pedersen
, especialista en Enfermedades Infectocontagiosas, Dr. Ove Schaffalitzky de Muckadell
, especialista en Gastroenterología.
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