El esófago es un tubo más o menos recto formado por varias capas
concéntricas que une la boca con el estómago. El cáncer de esófago se produce
cuando las células de la capa más interna de la pared (mucosa) se multiplican
de forma descontrolada. Al principio estas células al multiplicarse forman un
bulto que afecta a la mucosa, pero al poco tiempo invaden o infiltran las capas
más externas de la pared del esófago. Entonces, el cáncer puede invadir órganos
vecinos (pulmón, corazón, aorta, ...) y producir metástasis, tanto en los
ganglios linfáticos como a través de la sangre en otros órganos.
Se conocen fundamentalmente dos tipos de cánceres en el esófago.
El carcinoma escamoso o epidermoide, que es con mucho el más frecuente (90%), y
el adenocarcinoma de esófago, que suele aparecer sobre una lesión conocida como
esófago de Barrett y afecta al tercio inferior del esófago.
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enfermedad.
¿Cómo se produce el cáncer de esófago?
Como en todos los cánceres, la causa última es una alteración de
los genes de una célula; de tal forma que se descontrola su multiplicación.
Estos genes se van a alterar por la acción de unas sustancias llamadas
carcinógenos.
La incidencia (número de casos en una determinada población en
un año) varía mucho de unos países a otros, siendo muy frecuente en China,
Irán, sur de Rusia y Normandía (Francia). En el resto de Europa, incluyendo
España, la incidencia es relativamente baja, con alrededor de 3-4 casos por
100.000 habitantes al año. Además, el cáncer de esófago afecta a 1,5-3 hombres
por cada mujer y suele presentarse a partir de los sesenta años.
El consumo de
tabaco, tanto fumado como masticado, la ingesta de
alcohol, los alimentos ahumados o salados y las
bebidas excesivamente calientes son los factores dietéticos que más se asocian
con el cáncer de esófago. El síndrome de Plummer-Vinson (que es una alteración
de la piel y las mucosas -sobre todo las digestivas- asociado a
anemia por falta de hierro y que suele presentarse en
mujeres) con frecuencia degenera en un cáncer de esófago.
Una situación especial es el adenocarcinoma de esófago que
habitualmente (aunque no siempre) se origina en zonas del esófago que
previamente están afectadas por una anomalía llamada esófago de Barrett. Esta
alteración se produce cuando el ácido del estómago pasa repetidamente y a lo
largo de años hacia el esófago. La mucosa del esófago, para defenderse de esta
agresión, cambia su forma, haciéndose más parecida a la del intestino (esto se
llama metaplasia). En esta situación las células son más sensibles al efecto de
los carcinógenos y el cáncer de esófago es frecuente si no se
previene.
En España, la mejor manera de prevenir el cáncer de esófago es
abstenerse de fumar y de beber alcohol y acudir al médico en caso de
ardores.
¿Cuáles son los síntomas del cáncer de esófago?
Ya que la función fundamental del esófago es la deglución
(tragar), la manifestación fundamental del cáncer de esófago es la disfagia o
dificultad para tragar. En las etapas iniciales aparece dificultad para tragar
los alimentos sólidos más voluminosos, pero a medida que el tumor va creciendo
y cerrando la luz del esófago, se deja de poder tragar ningún tipo de sólido y
en último lugar se deja de poder deglutir líquidos. Esta dificultad para tragar
se puede ver asociada con dolor en la región de detrás del esternón o con
atragantamientos frecuentes al pasar el alimento desde el esófago hacia la
tráquea. En estas circunstancias es frecuente que el paciente pierda peso con
rapidez y se sienta fatigado.
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Otros síntomas que puede referir el paciente son dolor constante
detrás del esternón,
tos, vómito con o sin sangre,
ardores o ronquera. Sin embargo es frecuente que los
pacientes no acudan a la consulta del médico hasta varios meses después del
inicio de los síntomas, pues en las primeras etapas no suelen ser muy
alarmantes.
Por otro lado, existen muchas alteraciones que pueden producir
síntomas parecidos a los del cáncer de esófago. La disfagia aparece en las
alteraciones del músculo del esófago, en enfermedades neurológicas, en tumores
benignos del esófago, en los divertículos esofágicos y en muchas otras
situaciones originadas en el esófago o en los órganos vecinos. Los ardores
habitualmente son producidos por reflujo gastroesofágico sin que existan
tumores. El dolor, la tos y los vómitos (aunque sean con sangre) son síntomas
que habitualmente hacen pensar en otras enfermedades mucho más frecuentes como
la
úlcera gastroduodenal, el
reflujo gastroesofágico, las enfermedades pulmonares,
las enfermedades del corazón y otras muchas.
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¿Cómo se diagnostica el cáncer de esófago?
El estudio fundamental para el diagnóstico del cáncer de esófago
es la
endoscopia oral con toma de muestras (biopsias) de las lesiones sospechosas. El endoscopio
es un tubo flexible de unos 16mm de diámetro, que lleva una luz y una cámara de
video y que permite ver el interior del esófago y del estómago. Lleva además un
canal por el que se puede introducir una pequeña pinza que coge las biopsias
para el estudio al microscopio. Para la realización de la prueba no se requiere
ninguna preparación previa, salvo estar en ayunas, y es posible que se
administre un sedante y un anestésico tópico en la garganta para disminuir las
molestias.
Otra forma de ver la capa interna del esófago consiste en
realizar radiografías del esófago tras la ingesta de un contraste (papilla de
bario). Este procedimiento es menos molesto, pero no permite confirmar el
diagnóstico al no poder obtener biopsias para el estudio microscópico (única
prueba concluyente de la existencia de un cáncer). Sin embargo se suele
realizar pues es de gran ayuda para el cirujano a la hora de planificar la
intervención quirúrgica.
Para establecer la extensión del tumor lo normal es realizar un
TAC o escáner del tórax y el abdomen. En el TAC se
puede ver si el tumor ha crecido mucho hacia los órganos vecinos y si llega a
afectarlos (lo que suele desaconsejar la cirugía, al menos sin un tratamiento
previo). También permite comprobar la existencia de
metástasis en el hígado, en el pulmón o en los
ganglios si éstas son lo suficientemente grandes. Otros estudios que se pueden
realizar, en ocasiones y dependiendo de las circunstancias de cada enfermo, son
la broncoscopia, la arteriografía u otras. En algunos centros disponen de la
posibilidad de realizar una ecografía del esófago a través del endoscopio
(ecoendoscopia), lo que permite observar la profundidad a que llega el tumor.
Sin embargo este tipo de estudio no suele estar disponible, ni es indispensable
para planificar correctamente el tratamiento.
En cualquier caso, si se considera la posibilidad de un
tratamiento quirúrgico, se realizará un estudio preoperatorio completo con
analítica,
radiografía del tórax y
electrocardiograma. Habitualmente también se realizará
un estudio de la función pulmonar y todas las pruebas que recomienden los
antecedentes y la situación del paciente.
¿Cómo se trata el cáncer de esófago?
La cirugía es la única alternativa para poder conseguir la
curación y el mejor procedimiento paliativo (para aliviar los síntomas).
Desgraciadamente, sólo una pequeña parte de los pacientes tiene un tumor lo
bastante pequeño y una situación general lo bastante buena como para que se
pueda intentar una cirugía con intento curativo, y aún en éstos la tasa de
curación es de alrededor del 20%.
En la cirugía se realiza la extirpación del esófago y de los
ganglios que lo rodean. Para ello, y dado que el esófago atraviesa el tórax
desde el cuello hasta el abdomen, se abre el abdomen y el tórax (generalmente
el lado derecho) y en ocasiones el cuello. En la situación más normal el
estómago se lleva al tórax para sustituir el esófago y permitir la
alimentación. Alternativamente y dependiendo de las características de cada
tumor y enfermo, la cirugía se puede realizar abriendo sólo el abdomen y el
cuello; el esófago se puede sustituir por un segmento de intestino grueso o
intestino delgado, o se puede incluir el estómago en la
extirpación.
La
radioterapia junto con la
quimioterapia son tratamientos eficaces en el cáncer
de esófago, especialmente en el carcinoma epidermoide. Reducen y hasta pueden
hacer que desaparezca el tumor según se ve en la endoscopia, prolongan la
supervivencia y mejoran la deglución y la alimentación de los pacientes. Por
ello, se utilizan como tratamiento inicial para mejorar los resultados de la
cirugía o en algunos casos como alternativa cuando no es extirpable el tumor.
En ocasiones un tumor considerado inicialmente como inextirpable, al reducirse
su tamaño con la radioterapia y la quimioterapia se convierte en
extirpable.
Otra alternativa de tratamiento paliativo es la colocación por
dentro del tumor y el esófago de una prótesis que llamamos stent y que al
expandirse abre un túnel en el tumor por el que puede pasar el alimento hasta
el estómago. En algunos casos lo único que se le puede ofrecer al paciente es
hacer un orificio en el estómago o el intestino para introducir agua y
alimentos en papilla.
¿Qué complicaciones pueden surgir?
El tratamiento quirúrgico del cáncer de esófago es un
procedimiento muy agresivo que tiene unas tasas de mortalidad y morbilidad
(complicaciones) elevadas. Las complicaciones suelen venir derivadas
fundamentalmente de 4 factores:
Generalmente los pacientes son mayores y por tanto, con
enfermedades asociadas.
Se suele abrir el tórax, dando origen a que puedan aparecer
muchas complicaciones pulmonares.
Se ha de establecer una unión (anastomosis) entre el estómago o
el intestino y la porción alta del esófago.
En muchos pacientes existe una desnutrición más o menos
importante.
Como consecuencia la mortalidad postoperatoria varía según los
centros entre el 5 y el 10% y suele haber complicaciones en más del 50% de los
pacientes. En cuanto al hecho de no tener esófago, se suele tolerar bastante
bien y con pocas molestias.
Las complicaciones más frecuentes son las respiratorias:
secreciones abundantes,
neumonía, atelectasias (colapsos de parte del pulmón,
con lo que no se airean), derrame pleural. Por ello en muchos casos se somete a
los pacientes a fisioterapia respiratoria antes de la intervención y se les
prohibe fumar. En ocasiones, se les administrará nutrición parenteral (por
vena) si el grado de desnutrición es importante. Además se suelen pautar
tratamientos con heparina para evitar las
trombosis y se intenta que los pacientes puedan pasear
lo antes posible.
A pesar de estas medidas las complicaciones son frecuentes y
obligan a una vigilancia del paciente, las primeras horas o días en una unidad
de cuidados intensivos.
La radioterapia puede producir una afectación más o menos
importante en el pulmón o el corazón, pero raramente acorta más la
supervivencia de lo que lo hace el propio tumor. La
quimioterapia puede hacer que se caiga el pelo y que
se vomite, aunque suele ser bien tolerada. Más importante es cuando produce un
descenso exagerado de las células de la sangre. El stent en ocasiones puede
hacer que se perfore el esófago (siendo una complicación muy grave y con alta
mortalidad aunque afortunadamente infrecuente) o puede ser reobstruido por el
tumor en su crecimiento.
Con todo, la peor complicación es la reaparición del tumor, bien
como recidiva en la zona donde estaba antes de extirparlo (recidiva local) o
bien a distancia (metástasis). La recidiva local suele ser inextirpable y puede
producir síntomas como los que había al principio. Las metástasis pueden
aparecer en el hígado, el pulmón, el cerebro, los huesos... provocando
distintos síntomas según la localización.
¿Qué pronóstico tiene el cáncer de esófago?
El pronóstico global del cáncer de esófago es bastante malo,
pues menos del 10% de los pacientes están vivos a los 5 años de diagnosticar la
enfermedad. Sin embargo el pronóstico mejora si el tumor se diagnostica cuando
es pequeño y se puede extirpar, con curaciones de hasta un 20%.
¿Se puede prevenir el cáncer de esófago?
No se puede prevenir totalmente el cáncer de esófago, pero en
nuestra sociedad no fumar y no abusar del alcohol hace que sea una enfermedad
bastante rara. En cuanto a la variante de adenocarcinoma (que actualmente está
aumentando) se podría prevenir tratando el reflujo gastroesofágico y se podría
detectar precozmente en los seguimientos del esófago de Barret.
No existen por otro lado procedimientos que faciliten un
diagnóstico precoz y el hecho de que los síntomas sean tan vagos inicialmente
no contribuye a detectarlo de forma temprana.
Dr. Per Grinsted
, médico general, Dr. Alastair J. Munro
, especialista en Oncología Radioterápica.
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