La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa del
sistema nervioso central y constituye la principal causa de
demencia en personas mayores de 60
años.
La enfermedad de Alzheimer tiende a evolucionar, deteriorar y
da lugar a la muerte en un plazo de siete a diez años.
En ella se produce una degeneración del tejido cerebral con
pérdida de neuronas y una disminución de la respuesta frente a los
neurotransmisores (sustancias químicas que actúan transmitiendo las señales
eléctricas en el cerebro). En el cerebro afectado aparecen acumulaciones en
forma de placas y se produce un crecimiento de las cavidades que existen en el
interior del mismo (ventrículos) y un adelgazamiento y pérdida de consistencia
de la corteza cerebral.
¿Por qué se produce?
Las causas son desconocidas, si bien se sabe que intervienen
factores genéticos (es más frecuente su aparición en determinadas familias y en
familiares de enfermos con síndrome de Down, estando el defecto asociado al
cromosoma 21, entre otros ) y también se han estudiado otro tipo de factores
como los radicales libres, los
virus, factores inmunológicos y
algunos metales.
¿Cómo evoluciona la enfermedad de Alzheimer?
La enfermedad de Alzheimer tiende a evolucionar, deteriorar y da
lugar a la muerte en un plazo de siete a diez años. Sin embargo, la evolución
de la enfermedad varía mucho de una persona a otra. En algunos casos, la
enfermedad puede desarrollarse lentamente a lo largo de muchos años, mientras
que en otros se desarrolla rápidamente.
Es difícil hablar de un comienzo de los síntomas, ya que éstos
aparecen progresivamente; de forma gráfica podemos asemejar su evolución a los
cambios que va experimentando un bebé al crecer, pero al revés.
Al principio hay una alteración de la memoria reciente, aunque a
veces la enfermedad puede comenzar con síntomas
depresivos, ansiedad, temor o
alteraciones del carácter. Poco a poco se va deteriorando el lenguaje
(dificultades para encontrar la palabra apropiada, uso de palabras erróneas),
hay una desorientación en el tiempo y en el espacio cada vez más acusada (el
enfermo no sabe dónde está ni en que fecha vive). Con el avance de la
enfermedad se afecta gravemente la capacidad de juicio y los síntomas
dispráxicos (imposibilidad para ejecutar las funciones motoras pese a conservar
la función neuromuscular) empeoran; hay una falta de control de esfínteres
(necesidad de uso de pañales) y el empobrecimiento del habla llega al mutismo
absoluto (afasia). Todo ello va conduciendo al enfermo a un estado de
dependencia cada vez mayor hasta alcanzar una situación vegetativa (ausencia de
relación con el medio) en la que puede ser precisa la alimentación por sonda
nasogástrica. La muerte sobreviene habitualmente por las complicaciones que
surgen en la evolución (neumonía por aspiración al fallar los mecanismos
deglutorios, infecciones por la aparición de úlceras de decúbito, caídas,
etc.)
Obtener un diagnóstico correcto
Para diagnosticar el Alzheimer es importante acudir al médico
ante la aparición de los primeros síntomas, para con ello descartar otras
causas potencialmente tratables. Entre estas causas destacamos la
pseudodemencia depresiva, el déficit de algunos nutrientes esenciales como la
vitamina B12, enfermedades endocrinológicas (hipotiroidismo), tumores del sistema nervioso central e
hidrocefalia (liquido en el cerebro).
El médico utilizará los tests precisos para intentar evaluar las
diferentes funciones mentales afectadas (por ejemplo la memoria), las pruebas
de laboratorio y de imagen que considere se ajustan al caso y poder establecer
el estadio en que se encuentra la enfermedad.
No asuma nunca que un anciano que empiece a perder la memoria
tiene la enfermedad de Alzheimer. Para la mayoría de las personas mayores, la
mala memoria es simplemente un incordio y la mayoría no desarrollará la
enfermedad de Alzheimer.
¿Qué tratamiento requiere?
Por desgracia la enfermedad de Alzheimer sigue siendo incurable.
La ciencia investiga continuamente sobre dicha enfermedad y en los últimos años
se han desarrollado algunos fármacos y tratamientos que analizaremos a
continuación. Por último, cabe señalar que la comunidad científica es optimista
cara a que esta enfermedad pueda controlarse en un plazo relativamente
corto.
Inhibidores de la Acetilcolinesterasa
Estos fármacos inhiben la enzima que destruye la
acetilcolina, que es uno de los principales neurotransmisores cerebrales,
aumentando la disponibilidad de la misma en la transmisión nerviosa. Entre
éstos destacamos la Tacrina; este agente fue el primero en ser aprobado para su
uso comercial y aunque tiene efectos terapéuticos, los numerosos efectos
indeseables que tiene (sobre todo hepáticos) han hecho que haya sido desplazada
por nuevos fármacos que producen una menor toxicidad, como el Donezepil y la
Rivastigmina.
Antiradicales libres
Existen estudios que relacionan el aumento de la producción de
radicales libres y otras sustancias oxidantes con el desarrollo de la
enfermedad. Esta es la razón por la que se ha probado en el tratamiento el uso
de antioxidantes como la
vitamina E y la selegilina con resultados
contradictorios.
Antiinflamatorios no esteroideos
Se ha comprobado que el uso continuado de antiinflamatorios
no esteroideos (pacientes con patología osteoarticular crónica), evita la
progresión de la enfermedad. No obstante el uso de estos fármacos (como el
ibuprofeno) está aún en estudio.
Mientras se consigue un tratamiento efectivo para la enfermedad,
el médico utilizará fármacos para combatir algunos de sus síntomas, por ejemplo
neurolépticos para la agitación, hipnóticos para el insomnio, suplementos
nutricionales para la desnutrición, etc. Son muy importantes los cuidados
encaminados a la prevención de las complicaciones, como los cambios posturales
en pacientes encamados, a fin de evitar la aparición de úlceras por presión, la
higiene corporal para evitar infecciones de la piel, los
cuidados de la boca, la nutrición pertinente en cada
fase de la enfermedad, el uso de ayudas técnicas en el hogar (como barandillas,
duchas especiales para discapacitados, etc).
Durante todo el proceso es importante el apoyo al cuidador
proporcionándole la ayuda psicológica precisa y facilitando el acceso a las
prestaciones que ofertan los servicios sociales del estado y de las diferentes
comunidades autónomas.
Dónde obtener ayuda
Existen en todo el mundo multitud de asociaciones cuyo objeto es
ayudar a los familiares de enfermos de Alzheimer.
A continuación mostramos algunas de ellas:
Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer y
otras Demencias en España http://www.imsersomayores.csic.es/senidir/alzheimer/index.html,
con un directorio completo de las diferentes asociaciones, noticias, grupos de
apoyo, asesoría en materia clínica y jurídica, etc.
Familia Alzheimer www.familialzheimer.org, con noticias,
agencias, consejos (ejercicios prácticos para enfermos), enlaces de interés.
etc.
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