| Deseo sexual inhibido (DSI) |
Casi todas las personas sienten en algún momento, a lo largo de
la vida sexual activa, una merma en el deseo sexual. Esto no debería
preocuparnos en gran medida, ya que nuestros organismos sufren oscilaciones de
distinta índole y el deseo sexual no tiene siempre la misma
intensidad.
¿Qué es el deseo sexual inhibido?
El deseo sexual inhibido o hipoactivo implica una ausencia o
deficiencia de
fantasías sexuales y de deseos de actividad sexual, lo
que provoca en la persona afectada cierto malestar o dificultades con su pareja
sexual, ya que no siente deseos ante las demandas sexuales de ésta. En
cualquier caso, no se debe confundir deseo sexual inhibido (DSI) con la
angustia sexual o con las fobias. En el DSI, las relaciones sexuales se evitan
de forma discreta y el contacto sexual o su expectativa no genera gran
ansiedad, ni estados de miedo, ni nervios, ni tácticas para tratar de evitarlo
a toda costa.
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| El DSI puede ser un problema para la vida en pareja porque
generalmente se desarrollan comportamientos evasivos para no tener que mantener
relaciones sexuales. |
| ©PhotoDisc |
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Las personas con deseo sexual inhibido pueden sentirse
indiferentes ante el contacto físico, o pueden disfrutar de las caricias y la
intimidad con la pareja, pero no sienten ganas de tener relaciones sexuales
propiamente dichas. Están en un estado psicológico de “anorexia sexual”,
parecido al que viven las mujeres a las que se les ha extirpado el ovario
secretor de andrógenos, o a hombres y a mujeres a quienes se han extirpado las
glándulas suprarrenales.
Aspectos que influyen en el deseo sexual
El DSI puede llegar a ser un problema para la vida en pareja o
para formarla porque generalmente se desarrollan comportamientos evasivos para
no tener que mantener relaciones sexuales. En tales casos seria beneficioso
atajarlo acudiendo a la ayuda profesional especifica más adecuada. Pero antes
de considerar que existe una disfunción sexual se deberían descartar varios
aspectos que podrían estar influyendo de forma negativa sobre el deseo
sexual:
Sustancias
En primer lugar deberíamos descartar la posible incidencia de
sustancias o medicamentos que podríamos estar tomando (siempre teniendo en
cuenta que las distintas sustancias y cantidades de las mismas influyen de
manera diferente en cada organismo).
La medicación para la
hipertensión arterial
dificulta la erección en el hombre y en ocasiones merma el deseo sexual.
También el consumo continuado y/o abusivo de
alcohol puede incidir en la
intensidad del deseo sexual, así como ciertas drogas. Las que más lo inhiben
son el opio, la morfina, la heroína o los medicamentos neurolépticos (como el
haloperidol, las fenotiazinas o la reserpina).
En cuanto a sustancias como la cocaína, al ser euforizante,
hay una idea bastante extendida de que funciona aumentando el deseo y la
potencia sexual, pero lo cierto es que aumenta la actividad del sistema
nervioso de forma genérica. Amplifica tanto lo placentero como lo no
placentero, sin intervenir directamente en el deseo sexual de una manera
determinada, sino dependiendo de cada persona y de la situación (aunque sí
puede dificultar el orgasmo en ambos sexos). Algo parecido ocurre con las
anfetaminas.
Con respecto al éxtasis (metilenedioximetanfetamina: MDMA),
tiene reputación de afrodisíaco, pero en general la libido tiende a
desgenitalizarse. Lo que sí aumenta es el nivel de empatía, de intimidad, de
comunicarse afectivamente con el otro... pero no necesariamente el deseo de
relación sexual en sí misma.
Los antidepresivos tricíclicos (inhibidores no selectivos de
recaptación de monoamina) generan un estado de relativa anestesia sexual y
muchas veces inciden negativamente sobre el deseo. Pero los medicamentos más
perjudiciales en este sentido son los betabloqueantes, que pueden suprimir el
deseo sexual.
Los ansiolíticos o tranquilizantes (derivados de
benzodiacepina) no suelen tener efectos secundarios sobre la sexualidad, salvo
en ciertos casos de uso prolongado de dosis elevadas, en que sí puede mermar el
deseo sexual.
Cambios hormonales
En segundo lugar, debemos tener en cuenta los cambios
hormonales que se producen en las mujeres, tanto durante el ciclo menstrual
como a lo largo de su ciclo vital. Hay mujeres más sensibles que otras a los
cambios de su propio cuerpo, y sienten un notable aumento del deseo sexual
durante su etapa más fértil (ovulación), decreciendo éste durante la
regla y la semana
posterior a la misma. También debemos tener en cuenta el llamado
síndrome
premenstrual, que sufren algunas mujeres, y que afecta notablemente al
estado de ánimo y al deseo sexual los días precedentes a la
menstruación.
Asimismo, dependiendo de la sensibilidad de cada uno, a
algunas mujeres les afecta negativamente el uso de
anticonceptivos
orales, ya que al inhibir la ovulación apagan un poco el deseo sexual.
Paradójicamente, también suele darse el efecto contrario: que la tranquilidad
que les da la píldora con respecto a evitar un embarazo no deseado, hace que
puedan vivir el sexo con mucha mayor relajación y lo disfruten
más).
Por ultimo, en este apartado no podemos dejar de lado la
influencia de la maternidad, la
lactancia y la
menopausia sobre la
libido. Un
embarazo sin
complicaciones no tiene por qué repercutir sobre el deseo sexual, aunque muchas
mujeres sienten una disminución del mismo desde el último mes del embarazo y
hasta dos meses
después del parto,
aproximadamente.
En ocasiones, la experiencia de dar a luz produce rechazo de
la mujer a todo lo que tenga que ver con el sexo, pero por lo general es debido
al dolor que supone el parto, al esfuerzo, a las secuelas temporales en la zona
genital (desgarros, puntos de sutura, etc), al miedo a quedarse embarazada otra
vez demasiado pronto, al cansancio que supone criar a un bebé durante los
primeros meses… Después de dos o tres meses, el deseo sexual vuelve a tener la
intensidad normal, y si no sucediera así, deberíamos consultarlo con nuestro
médico habitual.
Tras la menopausia, el cuerpo femenino sufre cambios
hormonales, dándose una disminución importante en la secreción de hormonas, que
da lugar a una reducción de la libido. En estos casos muchas mujeres recurren a
los suplementos hormonales para evitar los síntomas de la menopausia, pero se
encuentran con que igualmente su deseo sexual disminuye. Es necesario
consultarlo con el médico y buscar la solución más adecuada para cada mujer
(actualmente se están obteniendo buenos resultados con suplementos derivados de
la soja).
Estado de ánimo
En tercer lugar debemos considerar el estado psicológico de la
persona afectada, ya que en periodos de estrés, de intenso trabajo o
preocupaciones, de
duelo, de
depresión y demás
alteraciones del estado de ánimo, puede darse como efecto secundario un
descenso del deseo sexual durante un tiempo que, una vez superadas las
circunstancias adversas, suele restaurarse.
De todas maneras deberíamos tener en cuenta que el ritmo vital
tiene efectos importantes sobre la libido, de manera que muchas horas de
trabajo, o tareas muy agotadoras, pocas horas de sueño, comidas rápidas y poco
nutritivas, etc., producen cansancio,
fatiga o una falta de
energía que harán que lo menos apetecible al llegar a casa sea mantener
relaciones sexuales. En este caso la situación puede volverse crónica si no le
ponemos remedio. De no poder llevar una vida un poco más sana y tranquila, al
menos se puede intentar durante los fines de semana.
¿A qué se debe el DSI?
Una vez descartados todos estos aspectos, podemos pensar en una
inhibición de deseo sexual que ya no es secundaria a otras problemáticas. En
este caso no hay una única solución válida para todos por igual, sino que
habría que rastrear las causas que lo producen en cada persona (o
pareja).
La
falta de interés en el
sexo puede deberse a muchas razones y muy variadas, que van desde
desavenencias en la pareja, resentimiento, aburrimiento o desenamoramiento,
hasta haber sufrido algún tipo de abuso sexual en la infancia, con todas las
posibilidades y matices que quedan por el medio.
Desajustes en la pareja
Es importante tener en cuenta el desajuste que a veces se
produce entre las necesidades sexuales del varón y las de la
mujer. Generalmente
hay una mayor demanda sexual por parte del hombre que a la mujer no siempre le
apetece compartir. Pero también hay sutiles o notorias diferencias en la forma
de vivir y disfrutar la sexualidad según las personas. En estos casos la
solución habría que empezar a plantearla desde el conocimiento de nuestra
pareja (y viceversa), hablando sobre esas diferencias para buscar la manera de
compartir una sexualidad que sea placentera para ambos.
Deshacer falsos mitos
En este sentido, la comunicación dentro de la pareja también
ayudará a deshacer falsos mitos que dificultan el sexo porque nos dan una idea
del mismo que no es real, como por ejemplo la idea que se desprende de muchas
películas o novelas del “orgasmo simultáneo” que se produce a los dos minutos
de la penetración y sin haber mediado apenas estimulación sexual antes de dicha
penetración.
Generalmente el sexo es bastante más complejo de lo que el cine
y los libros suelen mostrar, y el orgasmo simultáneo (en los dos miembros de la
pareja) no es lo habitual. Es más, es bastante raro, igual que el orgasmo
producido solamente por la estimulación del pene en la vagina, ya que la
realidad es algo distinta y es la estimulación del clítoris lo que produce el
orgasmo en la mayoría de las mujeres. También hay que considerar que muchas
mujeres y algunos hombres necesitan una fase de excitación previa a la
penetración, juegos, caricias, besos que van preparando el cuerpo y la mente, y
que llevan su tiempo.
Hablar sobre las sensaciones
En algunos casos, la inapetencia de uno (o ambos) miembros de la
pareja tiene relación con la baja calidad de sus relaciones sexuales, por
hacerlo con prisa, por no saber bien como hacerlo, por no fijarse demasiado en
las necesidades del otro, etc. En estos casos suele ser de gran ayuda
buscar un momento tranquilo
para hacer el amor, con tiempo por delante, y empezar despacio,
deteniéndose en las caricias y en las sensaciones.
Es básico intentar mejorar la comunicación entre las personas
implicadas, hablar no sólo de sentimientos, sino también de sensaciones,
comunicarle al otro lo que se siente cuando se acarician, tocan, lamen, besan
distintas partes de su cuerpo, centrarse en la “investigación” del propio
cuerpo, pero también en el cuerpo del otro, buscarse mutuamente los puntos
erógenos (partes del cuerpo cuya estimulación produce excitación sexual) y
estimularlos con calma, tratando de disfrutar de los preliminares sin tener
como meta principal la penetración y el orgasmo, sino los besos, las caricias,
la estimulación manual, la oral... lo que se le vaya ocurriendo a cada uno,
siempre y cuando no violente al otro.
Cuando el DSI viene de muy atrás en el tiempo
Puede darse el caso de que el desinterés por el sexo venga de
muy atrás en el tiempo o se ha tenido siempre y nos preocupa o nos causa
dificultades en la vida en pareja, sin que seamos capaces de ponerle solución
nosotros mismos. Debe tenerse en cuenta que el desarrollo sexual se va
produciendo a lo largo de toda la vida y todas las etapas vitales son
importantes (infancia, pubertad, adolescencia, juventud, adultez, vejez); de
manera que si recordamos cosas que nos pasaron hace mucho y pensamos que por
eso mismo tienen menos importancia que otras más recientes, nos podemos estar
equivocando.
Cómo nos hablaron de sexo o cómo nos lo ocultaron, cómo nos
trataron, cómo respondieron a nuestras preguntas o cómo fueron nuestras
primeras experiencias. Todo ello va conformando la manera en que concebimos el
sexo y la manera de enfrentarnos a las relaciones sexuales.
Si la inhibición del deseo sexual está presente desde hace
tiempo, sería conveniente acudir a un psicólogo o psicoterapeuta para intentar
solventarlo, ya que una sexualidad placentera nos ayudará a sentirnos mejor con
nosotros mismos y con nuestra pareja.
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Manuela Mateo-Morales Vila
, psicóloga.
Última versión: 2008-09-06
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