| Envejecimiento activo y saludable |
En todo el mundo, la proporción de personas mayores crece más
rápidamente que cualquier otro grupo de edad. La esperanza de vida aumenta,
llegando actualmente en nuestro país a los 80 años más o menos, lo que
significa el envejecimiento global de la población española.
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| Para un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar
a los mayores oportunidades para ser independientes, para gozar de buena salud
y para ser productivos. |
| ©PhotoDisc |
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El envejecimiento de la sociedad puede considerarse por un lado
un avance y por otro, un gran desafío, pues supone una mayor exigencia social y
económica. De todas maneras, lo más importante, el verdadero reto del aumento
de la esperanza de vida es la calidad de vida de los mayores, que les va a
permitir mantener la actividad y la independencia: cómo vivir los años “extra”
y cómo disfrutarlos.
La mayoría de las personas se adapta a los cambios que conlleva
el envejecimiento y siguen siendo independientes incluso ya muy mayores. Hasta
un 80% de las personas con 70 años mantiene una forma física y mental
aceptables que les permite llevar su vida diaria con plena
normalidad.
A pesar de ello, la sociedad en general sigue relacionando la
vejez y los mayores con la enfermedad, la dependencia y la falta de
productividad, en muchas ocasiones haciendo caso omiso de su experiencia y su
sabiduría.
¿Qué es el envejecimiento activo?
La mejor definición es la adoptada por la Organización Mundial
de la Salud (OMS), que define el “envejecimiento activo” como “el proceso por
el que se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental
durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida
saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez”. Esta definición
no sólo contempla el envejecimiento desde la atención sanitaria, sino que
incorpora todos los factores de las áreas social, económica y cultural que
afectan al envejecimiento de las personas.
El envejecimiento activo debe considerarse un objetivo
primordial tanto por la sociedad como por los responsables políticos,
intentando mejorar la autonomía, la salud y la productividad de los
mayores.
La sociedad debe apoyar una “cultura del envejecimiento activo y
saludable” que permita que los mayores:
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Sufran menos por las discapacidades relacionadas con las
enfermedades crónicas.
-
Necesiten una atención sanitaria y social menor.
-
No padezcan situaciones de soledad, manteniendo su
independencia y una buena calidad de vida.
-
Sigan participando en el ámbito económico, social, cultural y
político, tanto a través de trabajos remunerados como de colaboraciones sin
remunerar.
Este apoyo debe proporcionarse en las áreas de sanidad,
economía, trabajo, educación, justicia, vivienda y transporte.
¿Qué actividades realizan los mayores?
Las encuestas realizadas para conocer a qué dedican el tiempo
los mayores indican que, además del tiempo dedicado a dormir y al cuidado de la
salud, unas 12 horas diarias, cerca del 97% ve la televisión, un 71% escucha la
radio y no llega al 10% los que se dedican a leer con frecuencia (en esta cifra
puede incidir el nivel cultural y los problemas visuales de muchas personas
mayores).
El 70% suele pasear e ir a comprar, hasta un 43% realiza alguna
actividad turística después de la jubilación y entre un 20% y un 30%
aproximadamente, participa en alguna asociación, en actividades culturales,
asiste a cursos de manualidades o hace
deporte. Pero lo que hay que destacar es que el
porcentaje de mayores que querrían realizar estas actividades, sobre todo
ejercicio físico, ir a pasear o de compras, acudir a sociedades recreativas o
leer el periódico, es aún mayor. Incluso hasta un 40% está interesado en
mantener una actividad laboral o transmitir sus conocimientos a personas más
jóvenes.
Factores clave para el envejecimiento activo: qué debería hacer
la sociedad por y para los mayores
Para lograr una “cultura del envejecimiento activo” es necesaria
la interacción de factores tanto de índole sanitario, económico, del entorno
físico, personales, conductuales e incluso sociales.
Para el fomento del envejecimiento activo, los sistemas
sanitarios y sociales públicos y privados deberían colaborar en la
promoción de la salud y la prevención de las
enfermedades, estableciendo programas de
educación nutricional y de salud bucal y programas de
ejercicio para el mantenimiento o recuperación de la movilidad y
fuerza.
Estos programas permitirían evitar o reducir las discapacidades
físicas y mentales en la vejez y alcanzar así el equilibrio entre el
autocuidado de los mayores, el apoyo de los
cuidadores "informales" y los cuidados profesionales.
Hay que Indicar que a los cuidadores "informales", en su mayoría mujeres, se
les debería prestar una atención especial, por el riesgo elevado de que caigan
enfermos apoyándoles con formación, asistencia temporal y/o ayudas
económicas.
Dentro de los factores económicos inciden los ingresos, el
trabajo y la protección social:
Ingresos
Respecto a los ingresos, las personas que más preocupan son
aquellas que viven solas, sin hijos ni familiares, pues el riesgo de llegar a
la indigencia es mayor.
Asimismo, hay que prestar especial atención a los mayores que
viven en el medio rural ya que de entrada sufren un mayor aislamiento que los
que viven en un medio urbano.
Terreno laboral
En el terreno laboral, es necesario apoyar la contribución
activa y productiva de los mayores, tanto en trabajos remunerados como sin
remunerar (el hogar, el cuidado de niños o de otros mayores) y en labores de
voluntariado (en colegios, comunidades, organizaciones públicas, museos y
empresas, privadas).
Estas actividades mantienen y aumentan sus contactos sociales
y su bienestar mental, a la vez que hacen que se sientan reconfortados por su
contribución a la sociedad. También se puede apoyar este área con programas de
jubilaciones graduales o parciales.
Protección social
Respecto a la protección social, la familia sigue siendo el
principal apoyo de los mayores. De todas formas, debido al cambio actual en la
estructura familiar por la disminución del número de miembros y por la
incorporación de la mujer al mundo laboral, es necesaria una mayor protección
pública para evitar la soledad y la mayor vulnerabilidad.
El medio físico
Que el medio físico tenga en cuenta a los mayores puede ser
determinante en el hecho de que dichas personas sean dependientes o
independientes. Por ejemplo, es más probable que una persona mayor sea física y
socialmente activa si puede ir a pasear con seguridad en parques bien
iluminados y acceder al transporte local con facilidad.
Las personas mayores que viven en zonas inseguras o
contaminadas salen menos de casa y, por tanto, son más propensas al aislamiento
y a la depresión, así como a que su estado físico sea peor y tener más
problemas de movilidad.
Respecto a las viviendas, una vivienda segura y adecuada es
especialmente importante para el bienestar de los mayores. Se podría potenciar
el desarrollo de fórmulas alternativas de vivienda, como viviendas compartidas
o tuteladas que favorezcan el desarrollo individual y social, evitando a la vez
el aislamiento.
La biología, la genética y la capacidad de
adaptación
La biología, la genética y la capacidad de adaptación son tres
factores fundamentales que determinan cómo envejece una persona.
Los cambios que acompañan al envejecimiento progresan
gradualmente y las diferencias individuales son significativas. Por ejemplo, el
rendimiento físico de una persona de 70 años de edad que se mantiene en forma
puede ser similar al de una persona de 30 años que no se mantiene en
forma.
Durante el proceso de envejecimiento capacidades intelectuales
como el tiempo de reacción, la velocidad de aprendizaje y la memoria,
disminuyen de forma natural. Sin embargo, esto puede compensarse con un
incremento de la sabiduría, de los conocimientos y de la experiencia. Es más
frecuente que la falta de actividad práctica, la falta de motivación y de
confianza, el aislamiento y la depresión, sean causa de la disminución del
rendimiento cognitivo que el envejecimiento en sí mismo.
La influencia de los factores genéticos sobre el desarrollo de
enfermedades crónicas como la cardiopatía, enfermedad de
Alzheimer y ciertos
cánceres varía considerablemente de persona a persona. En general, no padecer
enfermedades ni discapacidades en la vejez depende por igual, de la herencia,
de la conducta personal, de la adaptación a la vida cotidiana y del entorno
físico, social y económico. Las personas mayores que se adaptan bien tienden a
tener un autocontrol y una actitud positiva y están convencidos de alcanzar sus
metas.
Factores conductuales
Sobre los factores conductuales, uno de los mitos sobre el
envejecimiento gira sobre la idea de que adoptar un estilo de vida saludable en
la vejez es demasiado tarde, pero no es así. Realizar una actividad física
adecuada evitando la vida sedentaria, llevar una alimentación sana, no
fumar, el consumo
prudente de alcohol y el uso correcto de los
medicamentos en la
vejez, pueden evitar enfermedades y el declive funcional, pueden
fomentar las relaciones sociales, prolongan la longevidad y mejoran la calidad
de vida.
Factores del entorno social
Respecto a los factores del entorno social, hay que señalar
que el apoyo social de familiares, amigos, vecinos o voluntariado, las
oportunidades para la educación y el aprendizaje durante toda la vida (y
especialmente en la actualidad, en el área de las nuevas tecnologías de la
información y de la comunicación) y la protección frente al abuso tanto físico,
sexual, psicológico y económico, son fundamentales para mejorar la salud, la
independencia y la productividad en la vejez. Evitar la soledad, el aislamiento
social, el analfabetismo y la falta de educación y el abuso disminuye
enormemente los riesgos de discapacidad y muerte prematura en las personas
mayores.
Conclusiones
Los mayores son más vulnerables que el resto de la población,
debido a la edad, a las enfermedades crónicas ya las discapacidades que sufren.
Por lo tanto, el reto que se debe plantear nuestra sociedad es mantener una
vejez activa y saludable en la medida de lo posible y, sobre todo, una calidad
de vida aceptable.
Para desarrollar un envejecimiento positivo, la sociedad debe
proporcionar a los mayores oportunidades para que puedan ser independientes,
para que gocen de buena salud y para que sean productivos. Asimismo es
importante que disfruten de una mayor seguridad y comodidad, fomentando el
bienestar y creando entornos ambientales más propicios y favorables. Hay que
pensar más en capacitar que en discapacitar, considerando a los mayores como
participantes y contribuyentes activos de la sociedad.
Es importante detectar lo antes posible la pérdida de autonomía
y establecer las medidas necesarias para que las personas mayores mantengan la
mayor independencia posible, incluso recurriendo a programas de telemedicina y
teleasistencia.
Como razones de peso para fomentar el envejecimiento activo nos
encontramos con un menor coste de los servicios sociosanitarios y médicos, una
mejora de la
interacción social y mejor salud física, mental y
psicológica.
Asimismo, una de las medidas que se deben llevar a cabo es la
aproximación de los medios de comunicación a los mayores, que proporcione a la
sociedad una imagen positiva del envejecimiento activo y saludable y que
divulgue y popularice el término “envejecimiento activo” a través de debates
políticos, en foros públicos y en los mismos medios de comunicación. Además se
debería fomentar la investigación en este campo, implicando a las personas
mayores en calidad tanto de asesores como de investigadores.
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Dr. Sergio García Vicente
, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Última versión: 2010-20-06
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