| Apoyo a los cuidadores de las personas mayores dependientes |
El aumento de la esperanza de vida, entre otros factores,
condiciona en las personas mayores la aparición de enfermedades crónicas y
discapacidades que derivan en la dependencia. En estos momentos se estima en
España una cifra de 1.700.000 mayores dependientes: cerca de un millón de ellos
necesitan ayuda al menos una vez a la semana, unos 500.000 una ayuda diaria y
unos 200.000 necesitan ayuda un mínimo de tres horas diarias.
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| Principalmente los cuidadores de las personas mayores son
adultos entre 45 y 65 años, en su mayoría mujeres. |
| ©Photodisc |
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Los problemas que mayor dependencia originan son enfermedades
neurológicas como la demencia tipo
Alzheimer,
enfermedad de Parkinson o los accidentes
cerebrovasculares, también llamados
ictus.
En nuestra sociedad son numerosos los individuos que realizan la
función de cuidadores principales de estas personas mayores dependientes. Este
apoyo, proveniente en general de familiares y que son en su gran mayoría
mujeres, está comprobado que es el recurso más importante para garantizar una
calidad de vida mínima a estos mayores con problemas en la realización de las
actividades básicas de su vida diaria, como puede ser levantarse, asearse e
incluso comer. Esta ayuda familiar ralentiza el avance de los problemas, tanto
físicos y psíquicos como sociales, que puedan afectar a los
mayores.
Pero esta colaboración y compromiso de los cuidadores
“informales”, papel que de entrada no han deseado ni para el que han sido
formados, lleva asociado un riesgo elevado para su salud, y puede llegar a
interferir en su vida personal, social y laboral.
Los cuidadores
Los cuidadores familiares de personas mayores dependientes son
personas que, por diferentes motivos, dedican gran parte de su tiempo y
esfuerzo a permitir que otras personas, mayores de 65 años en este caso, puedan
desenvolverse en su vida diaria, ayudándolas a adaptarse a las limitaciones que
su discapacidad funcional les impone.
Principalmente los cuidadores de las personas mayores son
adultos entre 45 y 65 años, en su mayoría mujeres. En nuestra sociedad existe
la idea de que la mujer está mejor preparada para asumir este papel por la
educación recibida y por tener un mayor espíritu de sufrimiento y de
colaboración. Pero se debe apuntar que el hombre colabora cada vez con más
frecuencia como cuidador principal o ayudando a la cuidadora principal, lo que
es un signo positivo del cambio de esta situación. También los mayores cuidan
de los propios mayores, como ocurre en los numerosos casos de parejas en las
que un miembro cuida al otro que tiene peor salud.
La mayoría de los cuidadores no tiene una remuneración por esta
labor y no reciben ayuda de otras personas. Incluso es frecuente compartir la
función de “cuidador de un mayor” con la de “cuidador de la propia familia”,
como puede ser el caso de las hijas de los mayores dependientes.
Las personas que ejercen de cuidadores “informales” padecen una
gran carga emocional provocada por la responsabilidad de cuidar a sus seres
queridos. Se generan problemas físicos y psíquicos asociados a la tensión
provocada por la atención constante al paciente. Por ello es importante
encontrar maneras prácticas de enfrentarse a esta situación y buscar
ayuda.
En qué consiste cuidar
Los cuidadores realizan tareas que no resultan agradables, dando
más de lo que puedan recibir. Es un “trabajo” para el que normalmente no se ha
recibido formación previa. Cuidar a alguien implica muchas y variadas
actividades de prestación de ayuda, que dependen de cada caso en concreto, pero
que en su mayoría son comunes.
Los cuidadores realizan labores de la casa: como cocinar o
limpiar; movilización o traslado del mayor al interior del domicilio; ayuda en
la higiene y el aseo diario; acompañamiento en sus desplazamientos fuera del
domicilio (para ir al médico o al banco); supervisión y administración de la
medicación; asistencia en la realización de pequeñas tareas, tan frecuentes
como darles de beber, poner la radio, leerles el periódico, etc.
También se enfrentan a problemas diversos, como alteraciones
físicas, alteraciones de la conducta y del comportamiento;
incontinencia; inactividad; agitación; agresividad;
alucinaciones y delirios;
insomnio; deambulación; problemas de
memoria; falta de juicio; etc.
Es importante saber qué hacer para intentar prevenir estos
problemas y cómo actuar cuando se presentan. Saber cómo comunicarse con los
familiares, cómo transmitirles afecto y sentimientos, incluso ante problemas
visuales o de audición o demencias evolucionadas, ayuda a mejorar la relación y
facilita el cuidado.
La vivencia de cada cuidador es única y distinta a las demás, ya
que son muchos los aspectos que hacen que esta experiencia difiera de cuidador
a cuidador: el por qué se cuida, la causa y el grado de dependencia del
familiar de edad avanzada, el parentesco con la persona cuidada, las relaciones
previas con ella, el cambio de la situación con el paso del tiempo (sobre todo
por la enfermedad) así como la ayuda que prestan otros miembros de la familia o
las exigencias que se marquen los cuidadores, son algunos de esos aspectos.
Problemas específicos que padecen los cuidadores
Los problemas más frecuentes en los cuidadores “informales” son
consecuenciadel agotamiento a largo plazo. Se pueden padecer desde problemas
musculares o de espalda a alteraciones del sueño, e incluso, y tal vez lo más
importante, problemas psíquicos derivados de la misma situación de cuidar a un
familiar querido.
El dilema de ingresar al familiar en una residencia u hospital
de larga estancia, conlleva un gran estrés. Es lógico, por tanto, que se
solicite ayuda, proveniente tanto de las personas próximas, como de las ayudas
públicas o privadas, incluyendo el voluntariado. Se han desarrollado diversas
experiencias en algunas comunidades autónomas para ayudar a estas familias,
incluyendo programas anuales subvencionados de descanso para cuidadores, con
períodos de vacaciones que oscilan entre siete y quince días. Es importante por
tanto, consultar con los servicios sociales del ayuntamiento donde se viva, y
con grupos de apoyo, provenientes del voluntariado, de asociaciones de enfermos
e incluso de la Iglesia.
Los cuidadores aprenden con su propia experiencia cuál es la
mejor forma de ayudar y cuidar al familiar dependiente, sobre todo en sus
rutinas diarias como la alimentación, la higiene y otras actividades. Pero, de
todas maneras, es necesario un entrenamiento especial para poder controlar los
comportamientos problemáticos que hemos señalado: cómo mover correctamente a la
persona dependiente ycómo utilizar equipo auxiliar, como camas eléctricas o
grúas.
Igualmente, es importante tomar las precauciones necesarias en
la utilización de aparatos eléctricos, utensilios de cocina, la luz, la
temperatura del agua y el mobiliario de la casa, entre otros.
Cuidándose
Algunos cuidadores no quieren reconocer la tensión asociada con
las diferentes responsabilidades y el largo tiempo que dedican a sus
obligaciones. Muchos se sienten agotados.
Es importante darse crédito a uno mismo por el trabajo
realizado, así como también programar momentos de descanso, con periodicidad
incluso diaria, tales como paseos cortos, visitas a familiares y amigos, etc.
Un período vacacional más o menos largo, de unos diez días, es difícil de
lograr, aunque en algunas comunidades existen programas oficiales para los
cuidadores. De todas formas, se puede buscar otro familiar o persona que cuide
al paciente durante estos descansos.
Es importante una dieta saludable, equilibrada, dormir
suficiente, prestar atención a los síntomas que aparezcan como un dolor de
espalda o lumbalgia, por ejemplo. Seguir estos consejos puede ayudarle a cuidar
mejor a su familiar.
El aislamiento que se siente al cuidar a un ser querido
incapacitado casi siempre resulta muy difícil de llevar. Para evitarlo es
importante acudir a sesiones de apoyo con personas que se encuentren en una
situación semejante, o consultar a su médico de cabecera con cierta regularidad
(al menos cada tres o seis meses). Con estas acciones pueden descargarse
sentimientos de frustración o de enfado.
Planificar el futuro de la persona que se cuida es otra tarea
que debe considerar el cuidador. Por duro que sea, por ejemplo podría ser
necesario contar con el permiso necesario para tomar decisiones en asuntos
financieros.
Además, es aconsejable escribir las necesidades que pueden
presentarse con el trancurso del tiempo, las actividades cotidianas sujetas a
un horario y con qué ayuda podemos contar, desde familiares y amigos a recursos
sociales y voluntariado. Se pueden apuntar las ventajas y las desventajas de
pedir ayuda a cada recurso.
En cada caso de dependencia se deben conocer pautas de actuación
para saber cómo enfrentarse a los problemas que van apareciendo y que estos
repercutan lo menos posible, tanto en la persona que se cuida, como en el
cuidador o cuidadores.
Conclusiones
En primer lugar hay que potenciar la independencia del familiar
que se cuida, por poca que sea, conociendo todo lo que puede hacer solo,
colaborando sólo en lo necesario, ayudándole a tomar decisiones y a asumir
responsabilidades sobre su cuidado. Con ello, se aumenta su autoestima, al
hacerles sentirse más útiles.
Dada el aumento de la esperanza de vida y la baja tasa de
natalidad, el número de mayores que necesitan algún tipo de ayuda seguirá
aumentando en nuestra sociedady, por lo tanto, aumentará también el número de
cuidadores.
No hay que olvidar que el cuidador debe saber cuidarse a sí
mismo, pues esta labor lleva asociadas posibles consecuencias sobre la propia
salud. Hay que saber hasta dónde se puede llegar y saber pedir ayudaa otros
familiares o a los servicios sociales o asociaciones, así como planificar y
organizar el tiempo y el futuro, tanto el propio como el de la persona a la que
se cuida. Llevar una vida sana, saber cómo sentirse bien y relajarse y
controlar los estados de ánimo, son aspectos que deben tenerse en cuenta para
hacer esta situación algo más llevadera.
Una gran parte de los cuidadores, pese a posibles sinsabores,
acaban descubriendo una gran satisfacción en ser útiles a sus familiares más
próximos. Encuentran facetas de ellos mismos, tal vez desconocidas, y que de
otro modo podrían haber pasado inadvertidas. Pero también cuidar puede
convertirse en una experiencia muy ingrata.
A pesar de todo, el trabajo del cuidador informal es una de las
labores más dignas y merece una especial atención por la sociedad, que debe
plantearse seriamente el desarrollo de programas de apoyo para ambos
colectivos, cuidadores y mayores dependientes.
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Dr. Sergio García Vicente
, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Última versión: 2005-09-06
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