| Ejercicio en la tercera edad |
Consecuencias del envejecimiento del cuerpo
El organismo con el tiempo sufre una serie de transformaciones
que se pueden resumir en dos consecuencias básicas.
 |
 |
| Antes y después de practicar cualquier sesión deportiva, se
deben realizar estiramientos musculares para calentar articulaciones y
músculos, flexibilizar los tendones y preparar al corazón y los
pulmones. |
| ©Photodisc |
 |
|
-
Por un lado los tejidos pierden un porcentaje significativo de
agua en su composición, que se sustituye por fibras cicatrizales y depósitos de
diversas sustancias, convirtiéndose en más rígidos y menos útiles. Los huesos
se vuelven entonces más quebradizos, los tendones se rompen con más facilidad,
los músculos desarrollan menos potencia, las articulaciones se deforman y
pierden capacidad de movilidad, etc.
-
La otra consecuencia es la disminución de la capacidad
homeostática. El concepto de homeostasis es fundamental para entender el
funcionamiento de todos los seres vivos y se refiere a la capacidad del
organismo de “compensarse” o “mantenerse igual” aunque el medio externo cambie.
Un ejemplo: la temperatura interna del ser humano es aproximadamente de 37º C.
Si el ambiente exterior es más frío el cuerpo lo compensa tiritando, es decir
mediante contracciones musculares involuntarias que lo calientan. Por el
contrario, si hace demasiado calor sudaremos, debido a que la evaporación del
sudor en la piel produce un enfriamiento.
La persona mayor es pues menos capaz de reaccionar y compensar
los cambios del entorno: el corazón no consigue latir con suficientes
pulsaciones o enviar un volumen adecuado de sangre con cada latido, el riñón y
el hígado filtran menos sustancias tóxicas, los pulmones no se rellenan
adecuadamente de aire en la respiración...
¿Debe una persona mayor practicar deporte?
El dicho “La función crea el órgano” sigue siendo totalmente
válido para los mayores. La disminución de capacidades y degeneración de
tejidos no se detiene pero sí se retarda con el deporte adecuado y practicado
de forma mesurada.
¿Debe hacerse un chequeo previo al inicio de una actividad
deportiva?
El médico de cabecera juega un papel fundamental. Es muy
importante conocer el estado real de salud para afrontar las limitaciones antes
comentadas, que varían en cada persona y que dependen de dos factores: las
enfermedades que padece o ha padecido y la práctica previa de algún
deporte.
La persona mayor presenta habitualmente una serie de
enfermedades, que muchas veces desconoce porque no dan síntomas o son
aparentemente irrelevantes. Entre ellos destaca la
hipertensión, que puede dañar
gravemente el corazón, los riñones y el cerebro, provocando incluso la muerte.
Todo ello es evitable acudiendo regularmente al centro de salud para tomarse la
tensión y, si se eleva, cumpliendo la dieta o medicación adecuadas prescritas
por su médico.
Es conveniente conocer el estado del corazón y los pulmones
mediante la auscultación de rutina y en los casos que estime oportunos
realizando un
electrocardiograma y una radiografía
del tórax.
La exploración general de la tonicidad muscular y de la
capacidad de movilidad y resistencia de las articulaciones sirve para evaluar
el estado físico general.
Finalmente, un
análisis de sangre nos indicará la
capacidad del riñón para filtrar las toxinas; los
niveles de azúcar en sangre (muchas
diabetes se descubren en análisis de
rutina) y la composición de las células sanguíneas, de las que depende la
resistencia a las infecciones, la coagulación de las heridas y la capacidad de
oxigenación –de dar vitalidad– a los tejidos del cuerpo.
Ejercicios que se deben evitar
Cuando hay enfermedades avanzadas de los órganos internos el
deporte en general se contraindica, ya que el riesgo de una descompensación es
alto: infarto de miocardio, insuficiencia aguda respiratoria o
renal, embolias o hemorragias
cerebrales. Sí pueden ser útiles según los casos unos ejercicios fisioterápicos
específicos bajo estricta supervisión del profesional sanitario.
Si la enfermedad que se padece es articular, habitualmente es
una
artrosis (desgaste articular) que
suele afectar a la
cadera y
rodilla, y deben evitarse todos los
deportes que requieran recorrer terrenos irregulares (por ejemplo el trekking),
impactos (frenadas y arrancadas que se producen en el fútbol, tenis) y
movimientos bruscos (cuidado con el golf por el giro rápido de rodilla, cadera
y hombro que se produce al lanzar la pelota) ya que se produce un mayor roce de
los cartílagos articulares. Igualmente se evitarán si el paciente es portador
de
prótesis articular, porque puede
aflojarse de su anclaje al hueso.
En general no se aconsejan deportes de gran esfuerzo como el
fútbol o tenis (y menos aún el paddle) por el alto riesgo de sobrecargas
cardíacas, respiratorias y de hemorragia cerebral.
Deportes que se pueden practicar
El deporte por excelencia en la tercera edad es la natación, o
en su caso los ejercicios suaves en agua. Los movimientos son entonces
armónicos, sin impactos; el empuje del agua disminuye el peso del cuerpo
descargando las articulaciones, la climatización habitual de las piscinas
modernas permite una temperatura agradable y tolerable por el
mayor.
Los pulmones aumentan la capacidad de llenado de aire y el
corazón se tonifica. El trabajo muscular fortalece las venas y evita las
trombosis.
Si el médico permite montar en bicicleta la recomendación
habitual es recorrer carreteras llanas y con un desarrollo intermedio, que
evita sobrecargar en exceso las rótulas y las lumbares.
De igual forma, el jogging debería practicarse por terrenos
llanos, elásticos (hierba) o en su defecto utilizando plantillas viscoelásticas
o calzado con cámara de aire, que absorben los impactos de la
zancada.
En el golf deben evitarse los golpes largos o sobre la arena del
banker.
Recomendaciones generales para el mayor deportista
En general, antes y después de practicar cualquier sesión
deportiva, se deben realizar estiramientos musculares para calentar
articulaciones y músculos, flexibilizar los tendones y preparar al corazón y
los pulmones para el gasto de energía que supondrán las contracciones
musculares.
Habitualmente el médico de cabecera puede suministrar al
paciente unas tablas con dichos ejercicios, que se harán de forma suave y
progresiva, evitando movimientos bruscos y posturas forzadas: se notará tensión
en el músculo y tendón estirados, pero de ninguna manera se debe sentir dolor.
Los hipertensos deben evitar beber un volumen excesivo de agua, porque
sobrecargan el riñón y el corazón.
Los diabéticos que se inyectan insulina deben tener igualmente
cuidado, porque el gasto de energía excesivo quemará mucho azúcar y se puede
presentar un coma por
hipoglucemia.
Si aparecen mareos, dolor fuerte de cabeza, dolor en el pecho o
sensación de ahogo, se debe acudir a un servicio de urgencias.
|
|
Dr. Roberto Palacio González
, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica.
Última versión: 2010-20-06
| |
|